Pocos eran los que recordaban los mártires de Chicago. Y otros olvidaban el nombre de su sindicato. Un trabajador de la COCEM no supo decir que significaban estas siglas... la Comisión de Campesinos del Estado de México.
“Yo tengo 40 años de obrero, y nunca he visto que el obrero gane bien, y luego se quejan de la delincuencia,” concluyó Aristeo que asistía por parte de la Comisión de Trabajadores Mexicanos, CTM.
El dinero no da para más, el salario mínimo “ya no alcanza ni para un kilo de carne, para el transporte, para la vestimenta. Mínimo hay que buscar dos trabajos para poder sostener a la familia,” afirma Sergio Figueroa.
Este tipo de peticiones fue por las que murieron en Chicago muchos trabajadores en pie de lucha.
Entre 1880 y 1890, con el propósito de mejorar sus condiciones laborales, los obreros norteamericanos comenzaron a organizarse en gremios y sindicatos; sin embargo, los dirigentes de estos últimos guardaron, casi siempre, una postura neutral en favor de los patrones o del Estado. El 1 de mayo de 1886, la Unión Central Obrera de Chicago convocó a sus agremiados a un mitin y a una huelga general para exigir que la jornada laboral fuera de ocho horas. Trabajadores de distintas fábricas acudieron al llamado. Sumaron cerca de 50 mil huelguistas de la Unión Americana. Al día siguiente, en la fábrica McCormick surgieron algunas fricciones que generaron violencia entre los trabajadores que se negaban a entrar a laborar y la policía local; la fuerza pública acometió con armas de fuego contra los obreros, lo que dejó como resultado numerosos heridos y varios muertos. El valor de los trabajadores de Chicago no pasó inadvertido, por lo que, los obreros de todo el mundo tomaron para sí el 1 de mayo como el Día del Trabajo.
Eran la ocho de la mañana y la plaza ya estaba llena. Pocos escuchaban las palabras de la CTM. Sólo jugaban entre ellos, se empujaban, se reían, buscaban en que entretenerse mientras las palabras se las llevaba el viento.
Otros hacían fila para entrar al baño móvil amarillo que destilaba un olor fétido, el que se encontraba casi al centro de la plaza. Algunos más sacaban la torta y el sándwich que venía en una bolsita con refresco.
Los comerciantes de dulces aprovechaban a la gente para vender. El señor de las gelatinas tenía toda su mercancía en mano, “Voy a quedarme todo el día. Tengo seis años vendiendo gelatinas por aquí. Si se pone bueno al rato se termina todo,” dijo el señor Raúl.
Para Sergio Figueroa Pérez de 53 años que asistía con la Confederación Revolucionaria Obrero Campesina, CROC, el día del trabajo debería ser un día de descanso, y no sólo “venir a perder el tiempo aquí, porque venimos 1° y 1° de mayo y no nos han cumplido.”
Pero a pesar de que el gobierno no les ha considerado, los trabajadores siguen ahí, cumplidores con cada primero de mayo, para que no les descuenten un día y para saborear un rico lunch.
El sindicato de la Cervecería Modelo vistió a sus trabajadores de azul marino. Armando Cárdenas Salas de 48 años comentó que “todos los años he venido, hay que venir, no nos obligan pero hay que apoyar. Estamos bien, todo es bueno, tenemos todos los servicios.”
Y otros sin uniforme pero si con pancartas apoyando a Roberto Madrazo, como Héctor Suárez Aguirre de 35 años. “El sindicato desde su fundación es priista, no solamente por ley desde que se funda el SYTATIR, sino por convicción.”
Ilusamente su opinión a cerca de este partido asegura “que ahorita la opción más viable para que se enderece el país es que el PRI vuelva a gobernar, porque yo creo que tienen la experiencia con le trato empresarial y con el pueblo.”
Sus palabras no hacían eco como las de la Secretaria General de la Asociación Nacional de Actores y Diputada Federal Silvia Aragón Rivero. “Todos hombro con hombro mano con mano venimos a manifestarnos. Somos las venas por las que corre la sangre del país, el corazón del país, revindicamos las demandas de la clase trabajadora: libertad, empleo autonomía, reconocimiento.”
Nadie le ponía atención, todos estaban en su relajo pensando en otras cosas, buscando con que entretenerse, mientras ella decía “aquí en la región mas transparente del aire, las trabajadoras y los trabajadores mexicanos reiteramos nuestro respeto a esta lucha fundamental defendiendo nuestra fuerza de trabajo y nuestras manos para reconstruir nuestra patria...”
Aproximadamente 40 federaciones y sindicatos hicieron acto de presencia y otros tanto pasaron lista. Se veían por ahí escondidos alzando la mano mientras alguien gritaba sus nombres para darles el desayuno.
Ni siquiera el sindicato de mineros hizo algo para exigir sus derechos, sólo se conformaban con mirar a los otros y dejar correr las palabras. Como José Antonio Moreno de 35 años que opinó al respecto “esta mal los mineros como el gobierno, debe haber un buen diálogo de minero y gobierno.”
Hubo quienes detrás de sus pancartas pusieron fotos de mujeres desnudas para hacer el rato más ameno. Ni la presencia de la Fundación Federico Engels de México que invitaba a la presentación del libro “A cerca de los Sindicatos,” llamó su atención.
El himno nacional se escuchó dos veces, y ellos no tuvieron respeto para hacerle honores, ni siquiera cantaban en silencio. Una falta de ánimo invadía el ambiente. Y el frío no era buen pretexto, los vendedores de café, tamales y atole saciaban a los friolentos.
A las nueve y media de la mañana se despidieron los voceros de la CTM, entre los que se encontraban, el presidente del Congreso del Trabajo el diputado Víctor Pérez Flores, el dirigente de la Confederación del Trabajador de México el Lic. Joaquín Gamboa Pascoe dirigente de las Federaciones de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado; el Licenciado Contador Público Carlos Valenzuela Secretario del INFONAVIT, el Contador Público Antonio Díaz.
Todos los trabajadores tomaron sus mantitas y se fueron. Más había sido el tiempo en el que llegaron y se acomodaron que en el que se fueron. Ahora ni aplausos hubo.
Pero eso ya no importaba ahora. Lo primero era dejar limpio el centro histórico, por lo que se presentaron muchos barrenderos que trabajaban con entusiasmo.
Los carritos que anunciaban con grandes letras “por un centro histórico limpio” recogían la basura que habían dejado los manifestantes.
Nada nuevo tuvo esta marcha. Parece que todos los años es lo mismo. Gente acarreada, distraída, olvidada, sin nada que exigir, sin nada porque luchar. Esa gente que sigue creyendo en las falsas promesas, que olvidan el comenzó de su lucha, que se conforman con lo que el gobierno les puede dar y no exigen lo que les corresponde.