Más adelante el ruido aumenta. El preludio de la función se conforma por ofertas para intensificar la experiencia. Todos al acecho de un posible comprador.
Échame unas pepitas
Sale, ¿que más?
Pónme otra de garbanzos y mi programa mai.
El plus de la botana enumera a los anfitriones de la llamada Catedral de la lucha libre.
“¡Boletos para ring side, hasta abajo, moreno, los últimos de hasta abajo!” Habrá que incluirse al final de la línea. El cabildeo familiar arrojó un resultado negativo. El ofrecimiento garante de una posición privilegiada es rechazado entre ese mar de cabezas. La persecución es breve, una insistencia más y a buscar un nuevo cliente.
Panorama abierto ante la expectación de los sentidos. La excitación emana entre cornetazos, chiflidos, gritos de toda índole. Esa caldera se presenta como un hoyo dentro de la gran urbe, los anfitriones de esta noche visten como lo haría el peleador más arraigado, con los valores del honor y la valentía embadurnados al cuerpo.
Ellos, los héroes, los villanos, los actores de ese pequeño mundo llevado a magnitudes insospechadas. Ellos los portadores de la rudeza, los rufianes del coliseo, ellos, “¡los rudos, los rudos, los ruuudos!”.
La danza ha comenzado. Entre piruetas y llaveos brotan los aplausos de los convidados. El núcleo de este cráter muestra a los primeros cuatro combatientes. Las cuerdas son una extensión más de sus extremidades. Uno, dos, tres, ¡fuera!, concluye la batalla inicial. Arriba apenas comienza otra. ¡Qué arriba los rudos! ¡Qué no oyen cabrones! Y el aire se unifica para dar sonido a la respuesta general: ¡tata tatáaaaaaaaata!
La música se eleva hasta el último lugar de la arena. ¡Hay cervezas refrescuooos! Irrumpen los individuos de uniforme blanco. Ahora es cuando, la primera pausa para las gargantas sedientas. Con una destreza mayor que ningún otro, se muestra el desplazamiento de aquellos, cuya misión dentro de este foro es no dejar al público con la laringe seca que le impidiese desahogar la voz.
Aparecen los nuevos gladiadores, adornados con la belleza femenina a su lado, se muestran receptivos ante la reacción del público. Lo mismo da una mentada que una porra, las primeras pican pero al final resbalan, las segundas alimentan al personaje de la batalla. Ambos son el sustento de los atletas. Estos portadores del eterno combate entre el bien y el mal no defraudan al público que los anima con gritos de apoyo. En esta ocasión vence la maldad.
Los polos de este mundo se encuentran enfrentados desde los escalones en voz de las porras oficiales de cada bando. Los técnicos aplaudirán y gritarán de la forma más sana posible para no desentonar con el grupo al que pertenecen. Los rudos en cambio podrán hacerlo de la manera que les resulte más cómoda, finalmente el mal lo permite todo.
Los vasos corren entre la concurrencia con un ascendente ritmo conforme se acercan los encuentros estelares.
El espectáculo está en su punto más cálido. Las bromas de los asistentes se dejan escuchar por todos los oídos sin prejuicio alguno. Esas bromas son de todos y para todos. Las siluetas estoicas en el cuadrilátero sorbiendo las bocanadas de energía que proyecta el respetable. La mayoría hará mofa de los villanos, pero no faltará aquel cogote que lance sus destellos de ingenio en contra de algún paladín del bien.
Aparece el mayor portador de la guapura en porcentajes. El 1000% guapo se besará los bíceps para demostrar su megalomanía. La sangre escurre en el cráneo de un italiano mientras los asistentes festejan el descontón.
Para este momento los sentidos se encuentran envueltos completamente en el vaso de cerveza y el cuadrilátero. Aparece entonces el héroe de familias enteras y la multitud resurge de sus asientos. Se corea el grito al unísono que, reforzado por la acústica del lugar, penetra en los oídos de manera explosiva.
Es la hora de los giros aéreos. Su nombre encierra el ambiente que lo rodea. Es el Místico, ente lanzado desde el ring hasta las historietas, los estadios de fútbol y recientemente a la industria de la música.
Hoy se hace acompañar por la voz de una agrupación internacional. Figuras de distintos mundos unidas por la afición de este conglomerado. Hoy expone su monarquía ante una digna pareja representante de la perversidad.
La aparición del encapuchado transforma la arena. Los asientos se abandonan por instantes para que la voz llegue con mayor facilidad hasta el venerado. Cada ejecución llevada a cabo por el ídolo retumba en todo el lugar en forma de alarido. ¡Místico! ¡Místico!. Sin embargo, no ha sido suficiente. La personificación del inframundo ha derrotado al luchador aéreo.
Los llamados científicos tomarán formas animales para emparejar la disputa. Un cangrejo y una rana prestarán sus habilidades para la causa técnica. Sólo falta un último impulso para finiquitar la contienda.
Este ser renacerá del enlonado para dispararse entre contenciones de aire. Utilizará el cuerpo de su adversario como apoyo para que la profecía social llegue a su cumplimiento. Las extremidades convertidas en las hélices de un helicóptero que pulverice toda la posibilidad del triunfo diabólico. Uno, dos, tres giros y ¡rendido¡, la catarsis común se eleva como reacción al movimiento.
Nuevamente el bien se quedó con los honores. Los seres de catacumba perdieron ante el héroe casi celestial. El mal acepta su derrota con el honor que los reviste. Mephisto no logró seducir completamente esta noche.
El gentío se dispone a abandonar la plaza. De la misma forma que se abandonaron a las emociones previas. Volverán a la semana siguiente para revivir este universo y saciar el instinto de destrucción. Todo es creíble en este cosmos, la certeza de lo ocurrido derrumba cualquier cuestionamiento moral. Seres supremos nutriéndose de la esperanza colectiva. Es una cuestión de fe.