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Presenta Pasional, Teatro para Una Voz
Sirena sumergida en pasional ensueño
Concierto de Eugenia León en el Teatro Metropólitan (18-05-07)
Domingo 20 de mayo de 2007, por Enrique Saavedra
Para Antonio, un pasional.
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Amigo:

Tú que eres tan apasionado como yo, entenderás la apoteosis que me significa el canto de esa sirena que es Eugenia León; más cuando se sumerge en las aguas de la pasión y desde ahí le aporta mayor intensidad a sentimientos como el amor, el desamor y la nostalgia.

Por eso tenía que verla, escucharla, aunque fuera de lejitos, porque aún el canto apasionado no deja de ser negocio. Fíjate: cuando cantó en el Auditorio Nacional, ya hace 4 años, por $400 pude disfrutarla desde la primera fila y ahora, por ese mismo precio, me tocó en el primer piso, pero ahora del Teatro Metropólitan.

Pero no importa. Es la mera, mera y con ella había que estar. Y eso lo pensó más de uno, pues a pesar de que en la ciudad cayó un impresionante aguacero, nada impidió que el teatro se llenara a su máxima capacidad. ¿Tú crees? Todavía quince minutos antes de las 9, había gente formada en la taquilla.

Ya dentro del teatro, como el concierto no empezaba, se empezaron a escuchar aplausos de impaciencia. No sabes cuánto gusto me dio ver que éstos provenían de generaciones muy distintas en acción y pensamiento, pero unidas por el arte de la música de la mejor cantante de México.

Pero no había por qué impacientarse. Ella dijo que aún con un pie malo saldría a escena y, por supuesto, lo cumplió. Como a las 21:15, la enorme sábana blanca que fungió como telón de fondo y cubrió el escenario, se tiñó de rojo al tiempo que, en brazos de dos bohemios querendones, Eugenia apareció para presentar Pasional, Teatro para una Voz.

DESGARRA SU CORAZÓN

Desde la comodidad de una cama blanca, levanta su copa hacia nosotros y, enseguida, se dispone a ofrecernos su corazón: “quién dijo que todo está perdido…”, si allí está Eugenia León y su canto pasional: “se vive solamente una vez y hay que aprender a querer y a vivir…”

Le canta a la pasión, a su manera, claro. O a la manera de todos los que estábamos ahí, porque las pieles se erizan cuando entona retadora: “según tu punto de vista, yo soy la mala…”, o “búscame con el deseo ardiente de pecar…”, o “que es un escándalo dicen y hasta me maldicen por darte mi amor”.

Mientras ella interpreta, las sábanas se agitan, cambian de color y los dos actores se desplazan por arriba y por debajo de estas; ellos son sus mucamos, sus amantes, sus figuras oníricas. Porque el sueño y el ensueño fueron los hilos que enlazaron cada canción, cada género abordado. Boleros, tangos y rancheras, con un poco de blues y jazz incluído.

Sigue provocadora: “poco a poco me voy acercando a ti…”, “a mi me pasa lo mismo que a usted…” y luego en dolorosa reflexión: “uno se destroza hasta entender que uno se ha quedado sin corazón” o “piano llorón de Genoveva, doliente piano que en tus teclas resumes de la vida el arcano”.

Sublima el dolor de la partida con irónica sensualidad: “sigue feliz tu camino y que te vaya bien…”, “yo para querer no necesito una razón, me sobra mucho, pero mucho corazón”. Ah! Cuán regia se veía ahí, ataviada en rojo y negro, recostada en su cama, como esperando al infiel, como seduciendo a los fieles.

Pero el dolor, lo sabemos, no se puede ocultar: “si al fin de cuentas te vas, pos anda y vete, que la tristeza te lleve igual que a mi…”, “hermano, yo no puedo rebajarme, ni pedirle ni llorarle ni decirle que no puedo más vivir”. En esos momentos, su llanto es el de todos los presentes

Y para una mejor catarsis, los límites de sus personalísimas pasiones: “queréme así piantao, trepáte a esta ternura de loco que hay en mi…”, “qué bonita es la venganza cuando dios nos la concede” y su oración infaltable: “luz donde nos falte, al que tuerza fierros y al que cante”.

VOZ QUE MADURA

Amigo, qué voz. Voz madura en plenitud, sostenida por una ideología y un compromiso con el arte y la gente que la sigue. Voz que ha encontrado espacios muy distintos para hacerse escuchar. Voz que ha contado con la complicidad de voces diversas como, en éste caso, la de Jesusa Rodríguez. Y vaya que se notó su mano.

En su propuesta teatral también llegó al límite de sus pasiones, como en el momento en que las imágenes del reciente desnudo colectivo enmarcaron la promesa: “bendeciremos la tierra, tierra nuestra y te lo juro, que a México de nuevo nos pondremos a fundar: renaceré, renaceré, renaceré”.

Es la apoteosis. Un tango de Piazzolla apropiado por una mexicana apasionada de su patria. Si su pie no estaba en las mejores condiciones, no así su registro vocal y, por supuesto, su pasión, que elevó hasta las alturas, como “La paloma” a la que le pide surcar los aires para eliminar el neoliberalismo y todo cuanto este conlleva.

Tras el esperado mensaje político, Eugenia fue subida a un bici-taxi, sólo que los ahí presentes nos resistimos a la idea de su partida y, a punta de gritos y aplausos, el transporte la devolvió a su cama para que ofreciera un largo encore en el que primero suavizó el ambiente contando: “son tres palabras solamente mis angustias…” para luego volver a encender el fuego.

“Vámonos, alejados del mundo, donde sí haya justicia, y leyes y todo, también nuestro amor…”, “Esta noche, amiga mía, el alcohol nos ha embriagado, qué me importa que se rían y nos llamen los mareados”, “No sé ni cuántas tomamos mi amiga y yo la mesera, el caso es que hasta bailamos a punta de borrachera…”

Pura apoteosis. Claro, el ambiente estaba tan intenso, que hubo que matizarlo con dos temas más ligeros: “Luna” y “Corazón gigante”. Antes de que se fuera y muchos de los presentes corriéramos al metro para cachar el último tren, puso un fin digno de una bacanal con su rendición a “El Fandango Aquí”. Artista y público, en sublime comunión.

Salí en éxtasis. Estoy seguro que no era el único. El manto nocturno de Eugenia nos había cobijado y transportado hacia los más profundos estadios que se pueden vivir dentro de una pasión de cualquier índole. En esa casi medianoche de viernes, fue la pasión por el canto de esta sirena lo que nos hizo sumergirnos con ella en sus pasionales aguas.

Tintero es un proyecto de difusión periodística creado por jóvenes reporteros de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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