Una de las funciones del teatro entendido como un arte, no es el mero entretenimiento del espectador, sino el reflejo de la realidad que campea en el mundo. Éste tema, por fortuna, no ha quedado exento de ser abordado en la dramaturgia contemporánea, como es el caso de Festen (La Celebración)
Más que un mero texto teatral, Festen es una adaptación de David Eldridge al célebre filme danés de Thomas Vinterberg, en el cuál se presenta a la familia Hansen, cuyos miembros se reúnen para celebrar el cumpleaños número 60 de Helge, su patriarca.
Conforme la noche avanza, Christian, el primogénito, decide amenizar la reunión contando algunos secretos que ponen en tela de juicio la rectitud moral de sus progenitores… y su propia salud mental.
Para contar una trama que se desarrolla en los variados espacios de una casa, el director Martín Acosta, echando mano de la experiencia de Alejandro Luna en la escenografía, maneja una habitación única a la que añaden elementos como un comedor y una cama- tina, para marcar los cambios de estancia.
Es en ese amplio espacio donde se mueve el grupo de eficaces actores que Acosta dirige con espléndido trazo, aunque no todos cumplan con el rigor exigido, sobre todo en las escenas en que persiguen a Christian o en que pelean los hermanos Helene y Michael.
Obra de ensamble cuyos miembros cumplen cabalmente con sus papeles: Antonio Vega, Mauricio Pastrana, Harding Junior, Miguel Coutourier, Pepe González Márquez e Irineo Álvarez. Sophie Alexander como una sirvienta enamorada y Karina Gidi como una esposa maltratada, espléndidas.
Helene, la hermana, es bien lograda por Mónica Dionne. José María Yazpik es tan notable en los estadios de violencia y contradicción de Michael, que ayuda a cargar el peso sostenido por Diego Luna, quien por momentos resuelve a su personaje con un carisma más propio del actor que del atormentado Christian.
El moralmente insano y deleznable Helge, el patriarca, es sobriamente abordado por Luis Rábago, mientras el oscuro personaje de Else, la madre, es llevado a la luz y la calidez por una Diana Bracho que con pocos parlamentos da cuenta de la madurez que ha alcanzado en su profesión.
Aunque en el Distrito Federal ya ha culminado la exitosa temporada, Festen continúa removiendo a las buenas conciencias en distintas partes de la República Mexicana. Sirva pues el taquillero nombre de Diego Luna para que el público acuda a un teatro denso en temática e interpretación.