
“México seguirá en una fase de profundización de conflictos, tanto políticos como sociales. Sin descartar una crisis económica disparadora de mayores tensiones a nivel nacional” augura Carlos Fazio Varela, analista político y articulista del diario La Jornada, cualquiera que sea el resultado después de las elecciones.
En el debate reciente los candidatos a la presidencia tocaron poco el tema de la relación México - Estados Unidos. En realidad, se limitó a las relaciones fronterizas y a continuar o lograr un Acuerdo Migratorio, pero no profundizaron temas fundamentales como el Tratado de Libre Comercio, el Plan Puebla Panamá, deuda externa y la deuda de agua e intervención en materia de seguridad.
“Eludieron tratar en profundidad aquellos temas que tienen que ver con los aspectos más urticantes de las relaciones bilaterales con Estados Unidos”. Parte de la base que “un acuerdo migratorio con la Casa Blanca es improbable en la actual coyuntura, cuando habrán de librarse elecciones intermedias en la Unión Americana.”
“Asimismo, la revisión del TLC o la deuda externa, igual que los temas de seguridad, son propios de la agenda de la diplomacia de fuerza de Washington.
“Debido a ello, y dada la relación asimétrica que guardan los nexos entre México y Estados Unidos, las autoridades nacionales tienen pocas posibilidades de imponer sus iniciativas, si acaso las hay, a su contraparte estadounidense.
“Por eso, creo, esos asuntos no se abordaron en profundidad en las campañas. En todo caso, los gobiernos del PAN y del PRI han venido apoyando, con respaldo legislativo, las medidas, sobre todo de carácter económico y comercial, y también en el área de seguridad, impulsadas por el Tesoro, el Pentágono y el Departamento de Estado estadounidenses en los últimos años.
“Eso no variaría en caso de que triunfaran en los comicios Calderón o Madrazo. En el caso de que gane López Obrador, debido a que muchos de esos asuntos ya están “amarrados” por acuerdos de corto o mediano plazo entre los gobiernos de Estados Unidos y México, difícilmente podrá hacer modificaciones de fondo. Aunque, llegado el momento, si quiere, puede modificar el actual estado de cosas. Ahí están los ejemplos de Hugo Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia”.
Un tema del que sí se habló, y que fue el centro del debate presidencial, fue el referente a la seguridad pública. Los candidatos principales, con matices y sombras, tocaron el punto a su manera, desde darle más atribuciones al Ejército Mexicano hasta crear una policía nacional, o avocarse en las necesidades de empleo y pobreza para combatir el crimen.
“Desde hace años, en particular desde 1997, el tema de la seguridad en México ha sido dominado y penetrado, en sus instancias respectivas (en particular los organismos de seguridad del Estado) por sus contrapartes estadounidenses (Pentágono, DEA, CIA, etc.).
“Después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Washington y Nueva York, la dependencia mexicana en materia de seguridad se acrecentó. Inclusive, en 2005, México suscribió el Acuerdo para la Seguridad y la Prosperidad en América del Norte (ASPAN),con sus dos socios del TLC, lo que agudiza la entrega de la soberanía nacional a la nación imperial.
“Recalco: en ese proceso México ha ido cediendo espacios de soberanía que fueron ocupados por las instancias de seguridad estadounidenses. Vinculado con lo anterior, el discurso sobre la violencia desbordada en México (una violencia que en verdad existe, y en grandes proporciones), es agitado por círculos de propaganda adscritos a la “seguridad nacional” estadounidense.
“En todos los casos, esa propaganda encubierta presiona y/o induce a las autoridades nacionales a ensayar respuestas y proponer medidas que tienen que ver con la criminalización de los conflictos sociales y que proponen la “mano dura” o la “tolerancia cero” como respuesta punitiva a asuntos que se deberían resolver por la vía política, la negociación y la generación de empleos en México.
"Un efecto evidente de esa respuesta oficial es la militarización de las policías a lo largo y ancho del territorio nacional. Los casos Sicartsa, Atenco y Oaxaca exhiben, también, cómo, para las autoridades, la criminalización de los conflictos y el uso de la fuerza son la medicina ideal, cualquiera sea el partido que esté en funciones, tanto a nivel federal, estatal o municipal.
Es así como llegamos al punto espinoso del “Voto del miedo”. En carne propia, sucedió algo extraño, una de aquellas extrañas coincidencias que no tienen lógica, tanto así que especialistas en temas de Seguridad Nacional le expresaron que se trató de un “aviso”.
Sucede que, iniciadas las campañas, dos entregas de un reportaje del diario La Crónica tituladas “Operan grupos bolivarianos 10 centros logísticos en DF” y “Células chavistas apoyan aquí eje Caracas-La Habana-México”, del 7 y 8 de marzo de 2006, Fazio es asaltado, se le roba su camioneta y recibe un balazo en una pierna, apenas luego de desmentir las intenciones encubiertas de la investigación de Francisco Reséndiz.
Reséndiz, supuestamente respaldado por activistas con los que se entrevistó mientras se “infiltró” en dichas “células bolivarianas”, mezcló organizaciones político militares como los Ejércitos Popular Revolucionario, EPR y el Revolucionario del Pueblo Insurgente, ERPI, con organizaciones civiles, sindicatos y el embajador de Venezuela Vladimir Villegas haciendo un entramado que llegaba hasta las Redes Ciudadanas de apoyo a AMLO a través de Cuba.
Todo, curiosamente cuando empezó aquella serie de spots televisivos que comparaban a López Obrador con Hugo Chávez Frías, mandatario venezolano y que, al mismo tiempo, le acusaban de ser “un peligro para México”.
Dichos reportajes “tuvieron como ‘interés periodístico’ subrayar el supuesto apoyo político, ideológico y financiero que estaría recibiendo la candidatura de Andrés Manuel López Obrador de los gobiernos de Hugo Chávez y Fidel Castro, y dejar establecida la presunta vinculación entre los “círculos bolivarianos”, “grupos subversivos” mexicanos y el Partido de la Revolución Democrática (PRD).
“A mi juicio, ambos trabajos −manufacturados con base en fuentes anónimas e “informes de inteligencia de México y Venezuela”− recogen los prejuicios, el lenguaje ideológico y la estructura maniquea propios de la guerra fría.
“Con base en una misma matriz que combina información verídica con elementos de la guerra psicológica (propaganda negra, gris y blanca), juicios de valor, exageraciones y distorsiones de la realidad, rumores y teorías conspirativas, lo que se pretendía era crear y utilizar un acontecimiento como núcleo de una operación futura, a la vez que manipular, sembrar confusión, alimentar la paranoia e influir en la opinión pública para fabricar un consenso que, invariablemente, sirva a la agenda y los intereses de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos, sus agentes en los aparatos de seguridad del Estado mexicano, el gran capital y la derecha vernácula.
“En la coyuntura preelectoral, el tema sirvió al partido oficial, el PAN, para elaborar spot televisivos tendentes a construir la imagen de que AMLO era un “peligro” para México; objetivo parcialmente exitoso.
“En relación a si los reportajes de Crónica y el asalto del que fui objeto guardan puntos de contacto, prefiero no emitir opinión. Algunos especialistas en temas de seguridad nacional, me expresaron que se trató de un “aviso”. Prefiero seguir creyendo que se trató, simplemente, de un asalto. Pero, en cualquier caso, me doy por avisado. Aunque adelanto que no cambiaré mi forma de pensar ni de escribir”.
El clima enrarecido preelectoral hizo sus mayores demostraciones durante el desalojo de trabajadores de la siderúrgica Sicartsa en Lázaro Cárdenas, Michoacán, los campesinos de San Salvador Atenco, Estado de México y el magisterio sindicalizado en la capital de Oaxaca.
Lo burdo del asunto es que, partidos que históricamente protestaban contra la represión antes de llegar al poder como el PAN y el PRD, se vieron involucrados en distintos niveles. En Atenco, los poderes municipal perredista, estatal priísta y federal panista.
“En principio, si bien los tres son hechos de fuerza que involucran a distintas autoridades, federales, estatales y municipales, los sucesos de Oaxaca tienen, a mi juicio, características diferentes a los que se libraron en Michoacán y el estado de México. En estos últimos actuó de manera decisiva la Policía Federal Preventiva, instancia que, por decisión del Ejecutivo federal, no participó en los incidentes de Oaxaca.
“Lo común, en los tres casos, es el empleo de tácticas contrainsurgentes para sofocar conflictos sociales, que son criminalizados por las autoridades y reprimidos con violencia.
“Otro aspecto parecido, con sus matices, es que detrás de esos hechos pudo estar el interés de determinados grupos de poder por generar un clima de violencia con la intención de inducir el llamado “voto del miedo”, inclusive por la vía de la abstención.
Pero, ¿qué papel jugaron los medios? Para el analista, en cuanto a gran prensa, "en los hechos de la Siderúrgica Lázaro Cárdenas-Las Truchas y en Atenco, los medios, en particular los electrónicos, jugaron un papel decisivo en la construcción de la información, invitando a la represión gubernamental y luego legitimándola.
“Los partidos, en particular el PAN y el PRI, intentaron capitalizar los hechos de violencia mostrando a sus candidatos, Felipe Calderón y Roberto Madrazo, como la “solución” a la “violencia de los de abajo”. En particular Calderón se ostentó en los medios como un hombre firme, que aplicará la “mano dura” si llega al gobierno.

Finalmente, es necesario retomar otros elementos relacionados directa o indirectamente con las elecciones. Tal vez al margen, quizá en contra, pero inequívocamente, relacionados.
Por un lado está La Otra Campaña, encabezada por el Subcomandante Marcos y seguida por adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.
Del otro, están los grupos político militares, como el Ejército Popular Revolucionario, quienes se han manifestado por actuar en caso de que La Otra Campaña no logre su objetivo “civil y pacífico”.
Algunas, como las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo, han manifestado que no actuarán el 2 de julio. Sobre los segundos, manifiesta carecer de información y no estar en condiciones de opinar.
“En general, los adherentes a la Sexta y a La Otra Campaña son activistas que ya se han definido por salidas extraparlamentarias; que ya no creen en el sistema representativo ni en el accionar de los partidos políticos en su forma actual.
“La Otra Campaña se plantea generar un polo de izquierda de los de abajo. Un movimiento civil, pacífico, que sea capaz de elaborar un programa anticapitalista, de corte radical, en un plazo que trasciende largamente los comicios de julio próximo. En ese sentido, estimo que el núcleo duro de La Otra Campaña no iba a participar en la elección.
“Aunque no descarto que los elementos más despolitizados, a último momento, puedan acudir a las urnas y emitir un voto útil por López Obrador. Pero eso es hacer futurología.
Cuando Marcos fue entrevistado por Carlos Loret de Mola en Televisa, afirmó, para asombro o llamado de atención a los televidentes, que las elecciones podrían terminar siendo vigiladas por el Ejército federal.
“Tengo la impresión que el escenario previsto por Marcos y que se avizoró tras los conflictos de Sicartsa, Atenco y Oaxaca, ha cedido los últimos días en virulencia.
Concluye el periodista de origen uruguayo: “Pero nada se puede descartar”