Por Nancy Betán Santana
Escribo para ti mujer, mujer de mil ropajes, mujer joven o vieja de esta dura tierra. Escribo para ti, sin saber cómo eres, hoy hablo para decirte que no aceptes la suerte...
¿Tú para qué estudias si te vas a casar? Tus hermanos sí deben ser profesionistas porque ellos van a mantener una familia, ¿pero tú, para qué?
La doctora Ma. Esther Ortiz Salazar rememora, en un segundo cualquiera, las palabras de su padre; del hombre que la motivó a incursionar, sin él saberlo, no sólo en los estudios a nivel licenciatura, sino en el universo científico; uno de los rubros reservados casi en su totalidad para el género masculino.
Ortiz Salazar estudió en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, la licenciatura en física, en 1978. Casada y con dos hijas, obtuvo el doctorado; después de haber realizado más de 15 publicaciones internacionales.
En 1998, tras ser propuesta por el Instituto de Física de la UNAM, fue nombrada investigadora emérita.
Es a partir de 1941, que se instituye el reconocimiento de investigador emérito, el cual ha sido otorgado a la fecha, a 289 académicos de la comunidad universitaria.
Dicho nombramiento, se confiere a quien por su obra, se convierte en modelo de desempeño académico, guía de las actividades de otros universitarios y contribuyente de avances para su comunidad.
Los candidatos deben haber prestado, cuando menos, 30 años de servicios a la Universidad y realizado una obra de valía excepcional.
Han recibido esta distinción un total de 257 hombres, cifra que representa el 89 por ciento, y 32 mujeres, mismo que abarca el 11 por ciento. En la actualidad, se encuentran en activo 117 profesores e investigadores eméritos hombres y solamente 28 mujeres.
¿Mujer y ciencia?
“Cuando comencé a estudiar en Chile, había conferencistas que decían que el cerebro de la mujer era diferente y afirmaban que no era apto para las matemáticas. Es posible que nuestras inteligencias sean distintas, pero eso no significa que la femenina no dé resultados importantes en la ciencia”.
Habla Larissa Adler-Lomnitz; Larissa la antropóloga social, quien labora en el Departamento de Proyecto Especiales del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y Sistemas, IIMAS, quien en 1996 fue reconocida con el nombramiento de investigadora emérita.
La participación de las mujeres en la ciencia ha aumentado en las últimas décadas; sin embargo, hoy en día el número de mujeres que ocupan puestos como investigadoras en México es de aproximadamente un 30 por ciento.
Se destacan como determinantes de la deserción o dificultades para obtener estos logros académicos, dos factores: los prejuicios y la maternidad.
Si las mujeres científicas carecen de maestría o doctorado por dedicar tiempo al cuidado familiar, no es factible que compitan con éxito por las plazas académicas ni por las jefaturas de institutos. Una característica del quehacer científico consiste en el alto grado de profesionalización que exige.
En nuestro país, encontramos que solamente un 10 por ciento de los puestos importantes en el área científica están dirigidos por mujeres.
Herencias inútiles
“Mi papá se oponía tremendamente a que mis hermanas y yo estudiáramos una carrera, nos decía: “¿Por qué y para qué estudian? si son mujeres y se van a casar”.
La palabra es de Gloria Alencaster Ybarra, quien se graduó como licenciada en biología por la UNAM en 1948.
Inició la formación del Museo de Paleontología de Investigación del Instituto de Geología y se convirtió en investigadora emérita en 1997, a propuesta del Instituto de Geología.
“Considero que somos tan capaces como los hombres. No tenemos razones para no ser iguales que ellos. En muchos casos somos más dedicadas y constantes; eso es muy bueno. Las mujeres pueden tener hijos, ser investigadoras eméritas y hacer todo cuanto quieran”.
La discriminación hacia el género femenino ha eliminado durante siglos la posibilidad de aprovechar el 100 por ciento de la inteligencia de los países.
Apenas en el siglo XX, las mujeres adquirieron la posibilidad de estudiar carreras científicas y ésta ha sido la forma en que la mujer contemporánea se encuentra por fin en posesión de herramientas intelectuales para descifrar y construir el conocimiento científico sin necesidad de vestirse de hombre.
Según estudios realizados por la Organización de las Naciones Unidas, ONU, la participación de la mujer en el campo laboral científico apenas supera el 30 por ciento. Y si, como asevera Alencaster Ybarra, una mujer puede estudiar, criar hijos y formar una familia, tratando de no descuidar ninguno de sus universos, ¿por qué no hay reflejo de ello en la sociedad?
La también investigadora emérita Silvia Torres Peimbert, durante una conferencia ofrecida el 19 de mayo en el auditorio Paris Pishmish del Instituto de Astronomía, atribuye esta limitación a la mujer misma, quien, producto del pasado, se cree incapaz de romper los frenos sociales que la detienen.
La astrónoma hizo un llamado a todas las mujeres a no limitar sus aspiraciones, pues desde su punto de vista, el obstáculo más grande es el que se atribuye uno mismo (hombre o mujer).
“La mujer necesita vencer obstáculos y sentirse en igualdad con el hombre. No sólo las humanidades están hechas para ella”.
Madre, esposa y...científica
No es extraño que la mujer se enfrente a la necesidad de elegir entre formar una familia o continuar con su carrera (en prácticamente todas las áreas).
Sin embargo, los mecanismos de estímulos económicos en la ciencia se otorgan bajo lineamientos que endurecen todavía más esta situación para las científicas.
Según Adler Lomnitz, la condición femenina, sobre todo en el matrimonio y la maternidad, afecta el ritmo y temporalidad de la carrera académica. Ya que, expresa, justamente los años en los que una mujer constituye su familia, son los más productivos y difíciles de su carrera universitaria.
Además, prosigue, “el tiempo en que se debe realizar el doctorado, es cuando los hijos son más pequeños y en esa etapa, la presencia maternal es básica”.
Este problema se toma en cuenta desde hace poco en los sistemas de evaluación del Conacyt y la Universidad. No obstante, para ser emérita, una investigadora tiene que concentrar su mente y tiempo en su trabajo y también en sus hijos.
“En la época en que el científico debe ser más productivo, la mujer comienza a tener hijos y entonces deja de estudiar o, como en mi caso, se salta esa parte y lo hace después”, manifiesta.
Larissa vivió en Chile, ahí crió a sus hijos, después, en los Estados Unidos estudió antropología y, finalmente, vino a México, donde ha desarrollado su trayectoria académica en la UNAM, por más de 40 años.
Los hijos de Silvia Torres, nacieron nueve años después de su matrimonio, por ello, asegura, hizo sus estudios con calma y sin familia que atender, lo que le permitió crecer académicamente.
“Sin duda, fue muy complicado. Pasé por una crisis cuando estudiaba el posgrado. Intentaba ser la mujer perfecta: tener la casa limpia, sacar buenas notas, etc. De pronto, hice un alto; pensé...y decidí que no era la mujer perfecta. Cuesta mucho trabajo, pero ayuda a tomar con calma las cosas”.
El caso de Ma. Esther Ortiz es similar. Se casó un año antes de terminar la licenciatura y se divorció poco tiempo después.
Casada y con dos hijas estudió el doctorado, pensando en el futuro aún más incierto que le esperaría, de no contar con éste. Después del divorcio, su perspectiva cambió. Se dedicó a estudiar y a trabajar.
¿Esa condición de mujer divorciada, madre de dos niñas fue lo que la motivó para hacer el posgrado?
Sí, un poco. Antes de terminar la licenciatura ya me había involucrado en el ambiente académico y estaba trabajando en el Instituto de Física. Realicé mi tesis de licenciatura con el primer acelerador adquirido por la UNAM, el Van de Graaff, y con el primer espectrógrafo.
Seguí haciendo investigación, cuando ya tenía muchos trabajos publicados. Me involucré en varios proyectos y no me detuve hasta completar el ciclo con la maestría y el doctorado.
Orgullo femenino, eméritas universitarias
La doctora Ortiz ha mantenido una lucha constante por la permanencia de la física nuclear experimental en México, departamento en el que trabaja, y su participación en la Junta de Gobierno de la UNAM es lo que más la congratula.
Ella es un ejemplo de que la voluntad y el carácter son fundamentales. Madre que se liberó de los prejuicios machistas entre los cuales creció para educarse y educar a sus hijas sin la ayuda masculina.
Su trabajo como docente de la Facultad de Ciencias ha contribuido para culminar cerca de 70 trabajos de investigación, principalmente, en el área de física nuclear experimental e instrumentación, los cuales, han aparecido publicados en las Revistas Especializadas de Circulación Internacional con Arbitraje.
Silvia Torres, es reconocida internacionalmente por sus aportaciones a la investigación del medio interestelar. Se abrió camino como docente e investigadora y por ello ha obtenido varios cargos, premios y reconocimientos.
Mención aparte merece su faceta como madre que ha logrado formar a otro reconocido astrónomo investigador: Antonio Peimbert Torres.
De la divulgación, también se ha ocupado, pues es co-editora de la Revista Mexicana de Astronomía y Astrofísica. Gloria Alencaster Ybarra es considerada la iniciadora de la investigación paleontológica moderna en México, baluarte de las ciencias de la tierra.
Con una brillante trayectoria académica desde su formación; sus descubrimientos han aportado nuevas familias y géneros paleontológicos a la ciencia.
Estudió biología, geología y paleontología hasta llegar a ser una especialista reconocida internacionalmente, por sus trabajos sobre rudistas del cretácico. Ha publicado tanto en México como en el extranjero.
El caso de esta tercera emérita es un tanto distinto, pues, a diferencia de sus colegas, ella no tuvo hijos y aún lamenta ese hecho. Dos cosas la reconfortan: la continuidad de su trabajo paleontológico a través de sus alumnos y la permanencia de su nombre y apellido por medio de la ciencia.
Larissa Adler, hija de padres judíos, creció y estudió en un colegio de monjas en Colombia, posteriormente, cuando ella era una adolescente, su familia se mudó a Israel donde trabajó en un kibutz. Ahí conoció al que sería su esposo, el geólogo chileno Cinna Lomnitz.
Casada, educando a tres de sus hijos y embarazada del cuarto, comenzó sus estudios de licenciatura en antropología en Berkeley, Estados Unidos.
Finalmente, se graduó con honores. Su experiencia multicultural es proyectada en sus trabajos antropológicos referentes a Chile y México, como “Reciprocity of favors in the Middle Class of Chile”, entre otros.
Por su trabajo ha obtenido más de 70 premios y distinciones. A sus 73 años, continúa trabajando sin detenerse.
Eméritas para el país
Cuatro pruebas vivientes de carácter y perseverancia femenina laboran cada una en su cosmos, tan remoto como cercano, a los más de 260,000 estudiantes de bachillerato, licenciatura y posgrado que alberga la máxima casa de estudios.
Alumnos que recorren día a día los campus universitarios sin imaginar siquiera lo que éste encierra: profesores e investigadores eméritos que se preocupan por darle un giro significativo a la educación en México.
Para Larissa Adler, el emeritazgo y la docencia se han significado, más que liberación, reconocimiento y respeto; una oportunidad de devolver a la UNAM algo de lo mucho que le ha dado, así como una opción para rescatar el talento científico mexicano.
“Dar clases a jóvenes y compartir circunstancias con ellos es bastante satisfactorio. La docencia que a mí me corresponde, me encanta, va enfocada a formar investigadores, dirigir sus tesis e involucrarlos con la problemática del país en materia social y política”.
De igual manera, Gloria Alencaster menciona que su objetivo como emérita y catedrática es reproducir el conocimiento para que las generaciones futuras tengan cimientos suficientemente fuertes en los cuales apoyarse y, con ello, realizar nuevos descubrimientos.
“Unos alumnos dicen ser mis hijos. Están estudiando las rudistas y espero sean mis sucesores. Realizan el doctorado con uno de los mejores rudistólogos del mundo en Barcelona. Gracias a becas del Conacyt, pude mandarlos a estudiar allá”.
Actualmente, hay 12 mil especialistas mexicanos diseminados a lo largo del mundo, principalmente, en Estados Unidos, Canadá, España, Alemania e Inglaterra; lo que significa una gran pérdida de conocimiento para el país.
Es así, como la labor de las investigadoras eméritas encierra una triple batalla: contra los prejuicios, el anhelo de perfección y el tiempo mismo, que en muchas ocasiones les jugó malas pasadas dentro de las aulas, de sus hogares temporales y las calles.
Labor que busca la permanencia de las ciencias en México, sin importar las condiciones en que éstas se realicen. Acciones vivas que recuperan lo perdido y lo aumentan. Manos y ojos femeninos que observan, registran y analizan las galaxias, comunidades, energías y rastros de existencia.
Mujer del siglo XX que luchas, trabajas y amas, descubre y aprovecha los caminos, recoge las mañanas, entierra los silencios, desátate las manos, rompe ya esas cadenas que la vida es empinada y a fuerza de subirla se hace mejor vida.
Margarita Carrete de Tafur
FUENTES
De la Peña, Guillermo, “Larissa Adler Lomnitz, Antropóloga Latinoamericana”, Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales, Serie biografías, número 5, México, 2004. pags. 2-6
• Datos obtenidos de la Dirección General de Asuntos del Personal Académico (DGAPA)
1.- Semblanza Académica, Investigadora Emérita del Instituto de Astronomía de la UNAM, doctora Silvia Torres Castilleja.
2.- Semblanza Académica, Investigadora Emérita del Instituto de Geología de la UNAM, doctora Gloria Alencaster Ybarra.
3.- Semblanza Académica, Investigadora Emérita del Instituto de Física de la UNAM, doctora María Esther Ortiz Salazar.
Villasana J. Alberto, “Podría quedar México sin científicos”, La Prensa, Información general, México, 15 de junio de 2005, p. 33. Beyer María Emilia, “Mujeres en la ciencia”, Sección confabulario, El Universal, México, 12 de marzo de 2005, p. 11.
Página de la Universidad Nacional Autónoma de México
http://www.unam.com.mx/
Página Unidad de Apoyo a Consejo Universitario y Colegio de Directores/Mérito Universitario/ Honores y Distinciones
http://www.unacc.unam.mx/emeritomenu.htm Honores y Distinciones en la UNAM http://serpiente.dgsca.unam.mx/rectoria/htm/hd.html
• Poesía http://mx.geocities.com/lnyamuni2/paratimujerescribo.htm