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La lucha de hoy
Lunes 1 de mayo de 2006, por Alejandro Suárez Basurto
No eran uno, ni cien, sino miles. Tal vez muchos no entiendan bien el significado de la fecha, pero sí de su lucha para mejorar sus condiciones de vida. Hoy luchan por autonomía sindical y por la memoria de compañeros muertos. Mañana quién sabe.
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Diez de la mañana y los alrededores del Palacio de Bellas Artes parece un caleidoscopio: grupos de personas forman grandes manchas verdes, blancas y rojas en Eje Central, mientras en el fondo se escuchan voces para ordenar a la muchedumbre.

Manifestantes preparan las pancartas, algunas exigen autonomía sindical al gobierno, otras la no privatización del Seguro Social mientras las más pequeñas amenazan a los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional con el voto de castigo.

Poco a poco los contingentes se nutre más, provenientes del Zócalo personas de distinta procedencia llegan, Pepsi, Bimbo o Marinela puede leerse en su camisa o chamarra. Nadie llega solo, todos arriban con uno o os compañeros.

Altavoces proclaman frases convencidas de sindicalismo, pero alguien pregunta a un muchacho con una pancarta de la CROC “¿Qué significa CROC?, él contesta”Sindicato Nacional de Obreros y Campesinos”, tal vez quiso decir Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos.

La Plaza de la Constitución aún está vacía, sólo una templete a la altura de la puerta central de Palacio Nacional adorna la explanada. Una voz anuncia el inicio de la marcha y a lo lejos el murmullo crece hasta convertirse en escándalo.

Los primeros en aparecer son los sobrecargos, sin mucho escándalo y caminando rodean el Zócalo, únicamente cuando los nombran por el sonido muestran un poco de animo para disolverse al termino de la marcha.

Más enjundia muestran los docentes, ellos aparecen por 5 de Mayo, exigen mejor educación a base de gritos. Detrás de ellos vienen los trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social, escandalosos para llamar la atención: “Seguro Social, patrimonio nacional”, gritan.

Bocinas incitan a seguir con las protestas, pero los trabajadores ya terminaron; algunos hacen fila para un baño portátil, otros piden una orden de tacos de canasta, siete por cinco pesitos, y el resto simplemente ignora su entorno.

La propaganda busca simpatizantes, personas invitan a los asistentes a tomar un periódico. El Intercionalista, Fuerza Obrera, Unidad y Acción y Claridad son los nombres de algunas publicaciones que cualquiera puede llevarse a cambio de una cooperación.

Para entonces la marcha carecía de chispa, fuera del estrado no hay consignas o gritos a pesar de la continua llegada de trabajadores. Ahora ellos no parecen manifestantes, es más, cuando alguien se acerca a preguntarle por sus demandas no quieren contestar y cuando lo hacen cantinfleando.

Parecen lejanas las manifestaciones del siglo XIX, cuando en Chicago obreros salieron a las calles exigiendo una jornada laboral de ocho horas siendo ajusticiados por las autoridades. Por eso están marchando, en memoria de los mártires, aunque hoy lo parezca.

“Mineros, mineros” revitaliza la plaza mayor, “Ni un muerto más” remata la consigna. El Sindicato Minero lleno de sed de justicia por el asesinato de dos de sus agremiados en Lázaro Cárdenas, Michoacán devuelve la vida al centro de la ciudad.

Las víctimas de Las Truchas no son las únicas en la historia mexicana., tan sólo hace unas semanas atrás la Mina Pasta de Conchos vivió la desgracia, al igual que Cananea en 1906. Hoy el recuerdo mantiene se mantiene vivo.

El acceso de Madero continua lleno, ahora una ola verde lo toma. Los telefonistas arriban al punto final de camino, parecen ser el grupo más grande, su caminar es lento pero más animado que el resto.

Blue Demon, Santo y El Solitario luchan en plena calle, los hombres y mujeres alrededor en vez de asustarse ríen. En realidad los gladiadores son imitadores y se ve de inmediato por su abdomen prominente. Después de la pelea los enmascarados posan para el público y sus cámaras fotográficas.

Como niños en el recreo, los trabajadores de Telmex corren, gritan y sonríen, son los primeros en mostrar una actitud verdadera de fiesta. En la parte trasera del contingente regresan los luchadores: Canek, Rey Misterio y Místico esta vez.

Las notas de la lucha vienen de otra parte, los patos de la Cooperativa Pascual cargan consigo instrumentos musicales para entonar marchas de guerra, no una con armas, sino por su sobrevivencia como unión de obreros.

Desde camiones los cooperativistas lanzan botellas de agua y refrescos, ganándose a sus acompañantes quienes empiezan a sentir los estragos de la caminata bajo un Sol no muy intenso, pero si molesto.

A pesar del ruido un organillero logra sobresalir con su instrumento, mientras su compañera extiende el sombrero en busca de solidaridad, pocos la dan pero las notas no cesan.

Voces relevan a los instrumentos, ya no se escuchan melodías sino mentadas de madre y versos pegajosos contra el presidente: “Si Fox pudiera, a su madre vendería” o “No que no, si que si, volvimos a salir”, gritan.

“Escudo de bomberos, tenemos por guerrero” gritan los apaga incendios, quienes van acompañados por sus sirenas tan llamativas como la bombera que va al frente de sus compañeros. Vestida con un traje azul, tacones altos y un cuello ortopédico, ésta mujer roba las miradas de los curiosos.

Los héroes populares no podían faltar. Zapata se hace presente en las banderas de la Central Independiente Obrera Campesina Social. Junto a ellos un rumor, o mejor dicho una esperanza: la visita del Subcomandante Marcos.

La caravana continua aglomerando las calles del Centro Histórico, algunos van al corazón de la ciudad, el resto busca como salir de ahí, la mayoría opta por el metro. En unas cuantas horas el Zócalo regresara a la normalidad y los “festejados” continuaran la lucha, pero en otro lugar.

Tintero es un proyecto de difusión periodística creado por jóvenes reporteros de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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