
A la salida, la calle está cerrada para dar paso a toda la gente que se une al contingente. Si miras hacia adelante, cabecitas cubiertas de gorras amarillas, banderas ondeando a lo alto con el color indispensable para hoy, si miras hacia atrás, más cabecitas, más banderas.
Miente quien se atreve a decir que todos ellos son acarreados, porque he venido encontrándolos desde mi punto de partida, aquella pareja de padres de familia con sus hijas y con La Jornada en la mano, el par de chicas con sus garrafones para amenizar la marcha con música, el anciano con su sombrero adornado con un listón tricolor al lado de su esposa que prefirieron bajarse en Pino Suárez para llegar directo al Zócalo.
Tampoco es otra movilización donde los participantes tienen la orden de llegar a un punto y pasar lista, sólo para cumplir el requisito. Vienen familias enteras; todos ríen con las ocurrencias de los demás, son amables y hasta regalan moñitos tricolor, porque según uno de sus repartidores, no dejarán entrar al Zócalo sin moño.
Tambores, saxofones, percusiones, mujeres bailando, tatuajes, niños con altavoz exigiendo voto por voto, los de las tortas que nos arrancan otra sonrisa con su ingenioso lema, “torta por torta”, los que tocan las esculturas de campanas que hay sobre Reforma como imitando al llamado de la Independencia, el saltarín que en cada brinco sobre un jumping amarillo todos exigen voto por voto.
El trayecto parecía una fiesta pero, a diferencia de los grandes noticieros, la información no quedó de lado, pues cada persona que repartía información para boicotear a las televisoras o mostrar apoyo a distintas organizaciones, casi le arrebataban las hojas. Todos querían saber y los documentales de Mandoki tuvieron buenas ventas.
Después de tres horas de marcha, baile y risas que representaban la astucia del mexicano en múltiples formas, con trabajos llegamos a la Torre del Caballito. Ya no pudimos avanzar por el gran número de personas y todos, frente a una pantalla gigante, escuchamos silenciosamente los discursos del actor Daniel Jiménez Cacho, Rosario Ibarra de Piedra y Carlos Monsiváis, antes del principal.
En seguida del llamado de Andrés Manuel para volver a reunirse en quince días, el Himno Nacional para cerrar la denominada Asamblea Informativa.
Y seguro que la gente vendrá a la próxima y quién sabe, tal vez se logre duplicar el millón de personas que asistieron en esta ocasión como lo pidió el candidato, a pesar de que los llamen de revoltosos, aunque se diga que es contra la paz del país, pues están convencidos que son ellos quienes tienen el derecho de decidir.