
A pesar de haber dormido poco debido al trabajo, Roberto Rojo se muestra relajado, alegre y dispuesto a conversar sobre las maravillas de su profesión. Con un libro de serpientes bajo el brazo, el biólogo de “Bichos” y de “Zoológicos en acción” muestra sus ansias de vivir a través de su pasión por la biología.
Nació en el Distrito Federal, el 4 de octubre de 1976. Vivió en Azcapotzalco, al norte de la ciudad, específicamente en Zochintololo. Estudió biología en la Facultad de Estudios Superiores, FES, Iztacala. Actualmente radica en Chetumal, debido a sus trabajos de investigación.
La profesión
A mí me interesó
la biología desde pequeño. Desde que tengo uso de razón, hace como
un año (bromea), no, desde que estaba en el kínder, me acuerdo
que en lugar de ir a los juegos me ponía a levantar ladrillos, a ver
que había. Llegaba con las maestras y traía un puño con lombrices.
Entonces las maestras gritaban y yo les decía pues qué, son lombrices.
Y así desde pequeño siempre me gustaron mucho los animales.
Apoyo familiar
Siempre, siempre,
siempre…y aunque no estuvieran de acuerdo, nunca me lo dijeron hasta
el final, y eso fue bueno. Ya que me titulé me dijo mi papá: nunca
pensé que tu carrera sirviera para algo…pero eso me lo dijo al final.
Por seis caguamas diario
Mi primer trabajo,
pues formal… (Lo medita por unos segundos), yo creo que el
de Campeche y formal pues más o menos porque trabajaba con un chavo
que era traductor… yo iba a fungir como traductor de él. Me entrevistó
para ver como estaba mi inglés y me dijo, te doy tanto dinero, no me
acuerdo cuanto y seis caguamas diario.
Y a mí se
me hicieron los ojos como los de “Remy”, (los abre desmesuradamente
con un gesto de incredulidad) y le dije ¿seis? ¿De verdad? Y me
dijo sí. Y pues ése fue mi primer trabajo. Era muy bueno.
Muchas veces
acompañaba a mis compañeros a sus trabajos de campo en varias reservas.
En biología la gente está por pasión. En otras carreras, creo, se
dice quiero ganar tanto, o quiero tener un puesto determinado. Pero
en biología no es así. La mayoría de gente que yo conozco está por
pasión. De entrada sabes que no vas a ganar dinero en biología. (Lo
dice convencido). Es lo que te dice todo mundo. Entonces la gente
que está ahí es porque le gusta.
El trabajo en Chetumal
Yo hago algo
que se llama espeleología, que es el estudio de las cavernas. Puedo
hacer descripción física, descripción biológica, exploración o
puro deporte. En México tenemos una diversidad increíble de cavernas.
Yo estaba en un curso de rescate en cavernas en Chiapas y tenía unos
amigos de la licenciatura que estaban haciendo su maestría en Chetumal,
en el Colegio de la Frontera Sur.
Entonces decidí
visitarlos. Llegué y había un trabajo de intérprete de una persona
que estaba trabajando en la península de Yucatán, en el estado de
Campeche. Me entrevisté con ésta persona y estuve trabajando
ahí con los recursos de la gente. Cuando ya me iba a regresar al Distrito
Federal, y salió otro trabajo con cocodrilos de río en una isla preciosa
del Caribe.
El trabajo
consistía en capturar cocodrilos, medirlos, pesarlos y todo. Dentro
de éste trabajo tenía que estudiar a los monos aulladores de la selva
de Calakmul, subirme con unos picos y un arnés hasta 20, 30 metros
de altura, colgarme, estar viendo a los changos. Estuvimos haciendo
un trabajo de comportamiento y era ver cada 15 minutos que hacían:
durmiendo, durmiendo, durmiendo, comiendo, durmiendo, cagando, durmiendo…yo
quiero ser mono.
En resumidas
cuentas ha sido un trabajo genial, yo estaba feliz. Así fue cómo
llegó a Chetumal, un lugar que le gustó para quedarse y hacer su maestría,
además de que encontró muchas cosas interesantes
sobre tarántulas.
La llegada a canal 11
Yo estaba haciendo
mi tesis en la reserva y tenía varios arácnidos, tarántulas y todo,
y Fabricio Feduchy, que es uno de los pocos productores que se han enfocado
a mostrar la diversidad de México, estaba haciendo un documental de
la reserva.
Ya llevaban
varios, pero en ésa ocasión coincidimos y él pasó por ahí, vio
todas las arañas y me dijo: ¿Qué haces? ¿Qué es esto? Y le empecé
a explicar de todos los animales…me gusta tratar de que la gente no
les tema, sino de que los entiendan y que los aprendan y sepan cómo
son.
A él le gustó
y se le ocurrió la idea de hacer un programa así. Estuvimos platicando,
se fue madurando la idea hasta que finalmente se concluyó el proyecto
de “Bichos” que fue el primero que hicimos.
No es por negocio
Yo admiro y
respeto mucho a toda la gente del canal, porque (trabajar ahí)
no es un negocio tan rentable como sacar una novela, como pasar un partido
de fútbol, sin embargo tener el valor, el entusiasmo y el corazón
para hacer este canal y cada uno de estos programas muy innovadores,
en el arriesgarte a hacerlos, a veces le pierdes. No es por negocio.
No conozco
a mucha gente del canal, porque yo siempre andaba afuera. Conozco a
Miguel Conde, el conductor de “La ruta del sabor”. Fue bien chistoso
porque lo conocí en una cantina, (risas), porque él sale mucho
y yo también, entonces nunca estábamos en el canal. Yo estaba en la
cantina y él se me acercó y me dijo: oye ¿Tú eres el de “Bichos”?,
yo veo los últimos cinco minutos de tu programa. Y yo le dije, pues
yo veo los primeros cinco del tuyo.
La gente es
muy agradable, muy inteligente, muy activa y eso me ha llamado mucho
la atención. Me gustaría mucho y a veces me siento triste de que no
hay algo así en la UNAM. No se le ha dado el apoyo necesario a TV UNAM
para que haga algo similar. En el Poli (IPN) la gente es increíble,
pero yo soy puma. Para mí mejor sería que hubiera proyectos así en
TV UNAM.
¿Te costó trabajo adaptarte a la televisión?
Muchísimo,
porque nunca me preparé, no sabía. De repente la cámara es muy agresiva
y no sabes qué decir, cómo decirlo, cómo expresarte. Cuando ves el
video, observas lo mal que hablas, lo mal que te paras, y te deprimes.
Fue muy difícil. Las primeras veces las sufría, por ejemplo un texto
de dos párrafos no lo podía decir, me trababa.
La pantalla chica
No buscas mucho
el protagonismo cuando eres biólogo, estás en lo que te gusta y no
te importa nada más. Entonces ya la gente me reconocía en la calle,
me hablaban de algunos lugares para pedir mi opinión sobre algún tema.
Me di cuenta
de que lo que estaba haciendo, que lo que estaba diciendo, influía
bastante, mucho más de lo que yo podría esperar en un principio. Este
programa es el primero hecho en México en estos formatos, (realizado
con un biólogo), porque antes se llegaban a hacer algunos, pero
eran actores. Eso no había en México.
De repente
me sentía así como líder de opinión…no lo busqué, pero algunas
veces se tomaban en cuenta las cosas que hacía, y trato de aprovecharlo
ahora para poder encauzar lo que yo quiero expresar. Con mis compañeros,
cada vez que puedo jalar a alguien o alguna investigación, pues a hacerlo
porque era difícil, hasta hace poco, tener éstos canales de comunicación
y ahora que están presentándose…pues hay que aprovecharlos.
Equipo
Es pequeño
porque salimos mucho a campo. Normalmente somos cuatro personas, que
es el productor, el camarógrafo, asistente de cámaras y yo. Llegamos
a hacer programas el camarógrafo y yo, a dos cámaras, porque de repente
había que llevar el equipo lejos. Es divertido, para mí es como un
juego todo esto. (Sus compañeros), son un desmadre. Son divertidísimos,
geniales. Admiro mucho su trabajo. Fabricio es súper ocurrente… me
la paso bien.
El mundo es para comérselo
Van para 30
países en los que he estado. Me gusta mucho la naturaleza, pero también
la cultura. Trato siempre de no ir como turista, sino meterme con la
gente, a veces he dormido en la calle, en reservas, en el campo, o sea
estar ahí y sentirlo, que me entre la cultura y la naturaleza de los
lugares por la piel.
He tenido la
suerte de estar en esos lugares, algunas veces presentando trabajos
hechos en México, de la fauna mexicana. Es un orgullo mostrarlos a
todo el mundo. Uno de mis países favoritos es Brasil, por la gente,
tamaño y su diversidad, pero por cultura, hay culturas tan extrañas…tuve
oportunidad de estar en un país que se llama Suazilandia, al lado de
Sudáfrica.
Suazilandia
es el último reino de una monarquía absoluta. Es un mundo completamente
diferente…y es sólo una porción. China también es increíble.
El mundo es para comérselo y nunca te aburres. Y no tienes que salir
del país A mí me gusta hacer turismo en la Ciudad. Nunca me aburro,
siempre encuentras cosas nuevas. De aquí del país sólo me falta conocer
Chihuahua y Durango.
Los peligros de la profesión
En Sudáfrica
me correteó un elefante, en una reserva… (Al observar nuestra
incredulidad, expresa convencido) es en serio. Están las cataratas
Victoria entre Zimbabwe y Zambia y hay una reserva ahí. No puedes entrar
sin carro y yo no llevaba carro.
Yo quería
entrar, entonces me metí y llegó un guardia y dije, me va a regañar,
me va a sacar. Y no, buena onda, íbamos platicando y de repente al
llegar a una vuelta de la terracería había otro guardia y estaba viendo
algo. Le preguntamos que veía y él dijo que a un elefante que estaba
por ahí.
Estábamos
buscándolo y de repente volteé y vi algo que se movía atrás, volví
a voltear y era la colita del elefante, estaba atrás de un árbol.
No se alcanzaba a ver bien y de repente comenzó a mover las orejas,
a barretar y a correr hacia nosotros.
Yo dije, ellos
saben que hacer y volteé a ver que hacíamos y sí sabían que hacer…ya
iban hasta allá (recrea la situación alargando su brazo derecho
hacia el frente). Uno iba en una bici y el otro corriendo por allá,
me dejaron.
Entonces corrí
con miedo, porque son muy peligrosos, han matado gente allá. Si te
quiere alcanzar, te alcanza y te puede matar. Afortunadamente éste
nada más nos quería sacar del territorio y ya de repente se detuvo
y se metió al bosque.
Aquí en México
acabamos de hacer la topografía de una cueva que se llama “El volcán
de los murciélagos” en Calakmul, Campeche. Ha sido algo de lo más
difícil que he hecho en mi vida porque hay una concentración muy alta
de bióxido de carbono adentro.
Tienes que
entrar con una máscara porque hay una espora de un hongo en el guano
de los murciélagos que si te entra en los pulmones te puede ocasionar
una enfermedad que te puede matar, se llama estoplasmosis.
Hay miles de
ácaros. Puse la mano así (extiende la mano para explicarse mejor)
un día, y al otro la tenía roja de todos los ácaros que me habían
entrado, no podía cerrarla. Con el bióxido de carbono trabajas a un
porcentaje de 6 u 8 %, si ese porcentaje aumenta simplemente te desmayas
o te caes, no te puedes levantar, incluso puedes convulsionarte, entras
en coma y mueres en cuestión de segundos.
Estábamos
trabajando en el límite. Caminas 5 metros y tu corazón late como si
hubieras corrido 100 metros. Levantar el pie te cuesta trabajo…es
muy difícil. Terminamos la topografía entre un amigo y yo. Originalmente
íbamos 7, se fueron quedando y al final de la cueva terminamos sólo
él y yo…estuvo bien difícil.
Cada vez
que cuenta una anécdota tiende a recrear la historia.
Sus recuerdos lo hacen reír mucho, demostrando que es un hombre que
disfruta la vida a pesar de los obstáculos.
Finanzas para viajar
Pues va saliendo;
de repente sale la oportunidad de algún viaje con algún cuate, o consigues
un vuelo barato, o te quedas en casa de tus cuates…A veces viajo por
algún proyecto, por algún congreso, o por que me voy y ya. Varía
mucho. Con el proyecto de “Bichos” he conocido un montón de lugares.
¿Extrañas a tu familia?
No… (Bromea
para después rectificar) siempre sí extrañas. Cuando defines
lo que estas haciendo y ya estás ahí, te acuerdas, es como feo decirlo,
de tu familia. Eso me pasaba mucho antes. Yo salía desde que estaba
en la carrera, cada vez que podía me iba a prácticas…entonces pues
no, no los extraño, bueno sí los extraño (está un poco indeciso
pero finalmente atina a responder), bueno más o menos.
Accidentes
No, afortunadamente
no. He estado cerca en varias ocasiones. Una vez grabando “Bichos”,
teníamos una mauyaca, que es la serpiente más peligrosa de México,
no es la más tóxica, pero es muy nerviosa, agresiva, fuerte y grande.
La tenía en la mano y ella me rozaba el dedo con el colmillo.
Ya estaban
grabando y hubo un momento en el que empezó a dar vueltas sobre ella
misma, se me estaba zafando. Ya no podía aguantar, la dejé en el suelo,
quité la mano, la serpiente se volteó y me aventó una mordida. En
ese momento no vi que estuviera tan cerca, pero cuando vi la grabación
la dejé, se volteó y pasó a centímetros de la mano. Esa serpiente
es muy peligrosa.
Aprendiendo a tocar bichos
Estuve trabajando
2 años en un laboratorio de metología allá en Iztacala y ahí hay
muchos animales en cautiverio, serpientes, reptiles y anfibios. Ahí
vas aprendiendo a controlarlos, no es tan fácil llegar y agarrarlos
porque es muy peligroso.
Los animales
no te agraden. Teóricamente puedes agarrar una serpiente venenosa y
no te va a hacer nada, a menos que se sienta agredida entonces se va
a defender. Si alguien te hace algo, tú te defiendes. No es recomendable
y no es nada seguro, pero no me ha pasado nada. Tengo amigos que si.
Varios con serpientes venenosas.
Miedo
Sí, siempre,
porque sabes qué te va a pasar. He visto fotografías de cómo queda
el tejido necrosado, cómo se pierde un brazo. Sé lo que pasa y estoy
consciente de ello. Siempre te da miedo, pero también está la adrenalina.
Me gusta mucho agarrarlos porque los puedes ver de cerca, sentirlos;
no es lo mismo verlos de lejos a sentir su fuerza.
Planes a corto y largo plazo
(Después
de meditarlo un poco expresa) Pedir otra naranjada…eso es a muy
corto plazo. (Ríe con ganas). Ahora estoy envuelto en un montón
de planes. Afortunadamente tengo como tres proyectos que están interesantísimos,
y estoy inmerso en ellos. Y planeo terminarlos. Eso es como a corto
plazo… la maestría, algo sobre serpientes, el nuevo proyecto de canal
11… y cosas así.
A largo plazo
quiero seguir en la investigación, Yo admiro mucho a Julieta Fierro,
porque tiene eso que me gustaría llegar a ser. Ella demuestra que no
está peleada la ciencia con el conocimiento de la gente. Yo puedo hablar
en términos científicos y no va a entenderse nada, a veces ni yo me
voy a entender.
A veces, sucede
mucho en la ciencia, que están los científicos como en una isla y
eso a mí me enoja. Yo estaba en la reserva de Chamela, que tiene 30
años, y le preguntaba a la gente: oye, ¿qué crees que hacen allá
adentro? Y me respondían: No sé, son unos biólogos locos. Ni siquiera
la gente que está en la reserva sabe lo que pasa.
Eso es un mal
de los biólogos. Ellos deberían de estar diciéndole a la gente: oye,
tú vives aquí, eres privilegiado. Me siento como ése eslabón. No
quiero sentirme importante pero me gustaría ser éste eslabón entre
el conocimiento científico y la gente.
Pensar en la muerte te hace vivir
Me gusta disfrutar
las cosas. Me gusta mucho pensar en la muerte, acercarme a ella desde
muchos lados, muchas perspectivas. Hace seis o siete años, tomo fotos
de panteones a donde vaya, a veces en las noches. Son bonitos los panteones.
Pensar en la
muerte te hace vivir y disfrutar todas las cosas. Siento que estar pensándola,
no como una paranoia, sino tener en cuenta en todo momento que te puedes
morir ya, te hace disfrutar cada cosa…cómo sujeto el papel, porqué
veo el color rojo, porqué percibo éste olor…La biología es una
herramienta que me ha permitido saber esas cosas. Ha sido como una herramienta
para poder acercarme a sentir la vida.
Autodefinición
Me defino por
necesidad de buscar una definición, pero no me gusta mucho, porque
cuando te defines como que te cierras a ser más cosas. Soy curioso,
de ahí se deriva casi todo lo demás.
Si alguien
me platica algo, como que tengo que ir a sentirlo. He estado en manicomios,
hablando con un cuate que había matado a 25 personas. He estado en
la morgue, no en la de la universidad con cadáveres lejanos, viejos,
sino de gente que murió el mismo día.
Cosas que me
cuentan, tengo que ir y experimentarlas. No comer, dormir en la calle,
cualquier cosa…Ya los aburrí…hablo demasiado…una “chela”
por favor. Roberto Rojo no para de bromear y de reír. Su mirada
trasmite confianza y simpatía. Le gusta conversar e interactuar con
las personas. Su curiosidad y espontaneidad son
sus principales cualidades.
Y ya, pues más o menos así es el rock and roll.