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Indiferencia, rechiflas y aplausos: saldo de la marcha polaca
Jueves 25 de mayo de 2006, por Marisol García Camargo
La lucha de machetes contra toletes y gases lacrimógenos se desató. La obra del dolor y la ignominia se representó en pequeña escala, ante los ladridos de un perro asustado que corría entre las flores y los actores.
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Al grito de ¡Todos somos Atenco!, más de un centenar de estudiantes partió de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales al edificio de Rectoría. Pasadas las cuatro de la tarde, las proclamas, invitaciones, opiniones y testimonios que llovieron en la explanada de la Facultad, sucumbieron ante silencio.

¡Júntense!, ¡júntense!, arengaban los organizadores por el altavoz a los alumnos que abandonaron las aulas y levantaron la voz por el pueblo de San Salvador Atenco. Las banderas: “libertad a presos políticos y castigo a los represores”.

Las mantas rojinegras elaboradas a lo largo de la mañana, fueron las que encabezaron al contingente que entre Goyas y “¡...Arriba la Facultad de Polacas!, salieron del recinto universitario y se internaron por el Circuito Mario de la Cueva, desafiando al vigoroso calor.

Su primera escala fue la Facultad de Ciencias. En medio de las invitaciones a unirse, la marcha avanzó entre los pasillos de una facultad en paro, hasta llegar a la explanada donde un pequeño grupo elaboraba carteles; mismo que apenas y desvió la mirada para enseguida ocuparse de lo suyo.

Las voces y las risas contenidas, cesaron cuando Patricia Torres, la estudiante recién salida del penal de Santiguito, tomó la palabra. Su voz entrecortada por la emoción y el nerviosismo agradeció “el apoyo de los compañeros” y al término de su participación se reinició el recorrido.

El aire festivo, el aroma a juventud, a rebeldía e irreverencia, se estrelló contra las rechiflas de los estudiantes de ingeniería. De nada sirvieron las frases de “¡unámonos contra la represión!”, para provocar la mínima simpatía de “universitarios” que desde los pisos superiores lanzaron abucheos y miradas burlonas a los “polacos”.

Poco sirvió también la proclama de “el ingeniero conciente se une al contingente”, para sumar adeptos. Por el contrario, el breve tramo que se recorrió dentro de la Facultad, en el mejor de los casos, despertó la curiosidad o el: “Ahh sí, son los de Atenco” de algunos jóvenes.

La experiencia de una de las brigadas que salió por la mañana a esta facultad no vaticinaba un panorama mejor.

De acuerdo con este grupo, integrado principalmente por alumnas de Ciencia Política, la respuesta de una estudiante de ingeniería al comentársele sobre las violaciones y ultrajes a mujeres ocurridos en Atenco, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos y testimonios, fue: “¡pero siempre ha habido mujeres violadas!

Sin embargo, este intento fallido, en poco o nada menguó el ánimo de los marchantes. Los “de norte a sur, de este a oeste; ganaremos esta lucha, cueste lo que cueste”, y los “gooooooya, gooooooya, cachun, cachun rará”, se convirtieron en el rosario de este alegre vía crucis.

Los gritos no cesaron; ni los chistes y las risas que provocó el “no están solos”, de un estudiante al que nadie secundó. Tampoco el recibimiento de los “ingenieros” impidió que a la cuenta del “uno, dos, tres, cuatro... ocho”, los que abandonaron por unas horas los salones de clases se lanzaran corriendo con mantas en manos para hacer el tradicional ocho de las marchas estudiantiles.

Al llegar a las Facultades de Química, Medicina y Odontología, la recepción fue más alentadora, pero no por ello fructífera. “¿Y qué quieren estos?”, preguntaba un estudiante de química.

La misma fórmula se aplicó: el discurso monótono del orador, las goyas y la proposición tan desgastada, a sumarse a la exigencia de justicia vía el paro y la protesta.

“Químico conciente, se suma al contingente”, “Sacamuelas conciente se une al contingente”, “Presos políticos, libertad”, estremecieron pasillos y muros de facultades, mientras, las miradas curiosas no cesaban.

Los ímpetus se caldearon al arribar a la Facultad de Derecho. Entonces, la tropa de vestir despreocupado, se topó con un grupo de jóvenes vestidos con traje y zapatillas (estudiantes de abogacía), quienes lejos de escuchar los llamados de los oradores a que vencieran la apatía y se unieran a las protestas, lanzaron frases como: “mejor váyanse a estudiar”, o “¿por qué pegan eso en nuestra pared?’” refiriéndose a los carteles.

A ratos, la situación se puso tensa; de tal manera que en medio de rechiflas y de estudiantes que dieron la espalda al contingente, éste retomó su camino, no sin antes sacar su coraje y decir: “abogado consciente... ¡olvídalo!!!”.

Al llegar a la facultad de Economía, el “Alexis, Alexis” (Benumea), se apoderó de su entrada principal; en alusión al joven de 21 años que sufrió daño cerebral, durante el operativo montado por elementos policíacos en dicho territorio mexiquense.

El tour alcanzó a la Facultad de Filosofía y Letras, también en paro. Algunos de los marchantes se internaron dentro de esa Facultad; los otros permanecieron fuera durante largos minutos. Minutos que dispersaron a la masa al circular el rumor de que la marcha había concluido.

Pasadas las siete de la noche, el grupo llegó a la torre de Rectoría que lucía imponente, intocable, terriblemente silenciosa, aterradoramente formal... Entonces, un silencio de parroquia fue desplazado por el murmullo juvenil que, al grito de: “¡Atenco vive, la lucha sigue!”, se apostó para presenciar un performance.

La lucha de machetes contra toletes y gases lacrimógenos se desató. La obra del dolor y la ignominia se representó en pequeña escala, ante los ladridos de un perro asustado que corría entre las flores y los actores.

Todo terminó, en medio del corrido del “Colorado”, la entrega de poemas a los espectadores, la lluvia de pétalos y el extenuado pero aún potente grito de “Todos somos Atenco”.

Tintero es un proyecto de difusión periodística creado por jóvenes reporteros de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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