
Por Nancy Betán Santana
En septiembre y octubre de 1999 la Sierra Norte de Puebla (Cuetzalán) se vio afectada por lluvias extraordinarias, producto de depresiones tropicales y de la estacionalidad del frente frío número cuatro. Ambos fenómenos ocasionaron inundaciones y procesos de ladera (desprendimientos, deslizamientos de tierra y flujos de lodo).
Dentro de las zonas afectadas, se hallaban varias comunidades indígenas que tardaron aproximadamente tres días en dar a conocer su situación, a causa de las condiciones del terreno. Necesitaban medicinas y los elementos más básicos para poder subsistir.
A raíz de estas dificultades y a petición de Protección Civil de dicho estado, geógrafos del Instituto de Geografía de la UNAM (IG-UNAM) fueron consultados para conocer a fondo las causas del desastre y proponer soluciones con el fin de evitar su repetición.
El doctor en Geografía, José Juan Zamorano y los estudiantes Nayelli Zaragoza y Alejandro Flores, acudieron al lugar y analizaron los factores de riesgo. El resultado de la investigación fue el estudio Geomorfología y procesos de ladera en la región de Cuetzalán.
“La consecuencia principal fue poner de manifiesto los terrenos más susceptibles, vía una cartografía para vislumbrar rutas de evacuación. Los geomorfólogos nos manejamos con mapas, y tratamos de que el producto final fuera profundo y a la vez sencillo, para que las personas involucradas en la prevención pudieran leerlos”, explica Zamorano.
Auxilio donde se necesita
El estudio de Cuetzalán forma parte de las investigaciones realizadas por científicos del IG y alumnos que cursan esta carrera en diversos estados del país, en un esfuerzo para generar estrategias preventivas de desastres.
Se analizan las causas y consecuencias de los procesos de ladera, así como de las inundaciones. La totalidad de la observación, captura y elaboración de mapas o gráficas se realiza durante la estancia en el terreno analizado y recae en los alumnos.
Esos estudios, además de contribuir al manejo de los fenómenos metereológicos, permite a los estudiantes pasar de la teoría a la práctica, e incluso involucrarse en la elaboración de sus tesis de licenciatura, maestría y especialización.
Zamorano y sus alumnos han trabajado en otros poblados como el de Meztitlán, Hidalgo; el municipio de Chimalhuacán, Estado de México; las costas de Jalisco y algunas localidades de Nayarit.
“Nosotros nos encargamos de la observación, análisis y publicación de los resultados, sobre todo, porque son de los estudiantes. Algo importante que ha hecho la Universidad, es tener a especialistas impartiendo cátedra en los salones de clase. Ahí tiene lugar la primera seducción con los alumnos, pues se les enseña que la utilidad de sus lecciones es tanta como para ganarse la vida”, considera el especialista.
Expertos en acción
Para el investigador, la juventud sirve de mucho en proyectos de esta índole: “Dormir en el campo y estar en contacto con la naturaleza hace que los alumnos se sientan investigadores al tener frente a ellos las representaciones de los mapas”.
El también especialista en Geormorfología por la Universidad Estatal de Moscú, asegura que la tarea de los geomorfólogos posee la capacidad de clarificar a los demás expertos el panorama, para implementar otras medidas antes y después del desastre, como la clasificación cualitativa y cuantitativa de la población y su posible reubicación.
“Hay que considerar una cosa: nadie está exento de los peligros morfológicos, pero éstos pueden ser manejados de la mejor manera posible. Nosotros les llamamos peligros, pero en realidad son manifestaciones de que el planeta está vivo”, puntualiza.