
Al ver el libro, la primera impresión puede ser de desaliento y crueldad para un admirador del Che. En la portada, dos latas con la imagen de Guevara, una abierta y otra cerrada... ¿Por qué no lo dijiste todo? Dice con letras blancas, como en un tono de reclamo que no quiere perdonar.
Sin duda una de las heridas más grandes que ha dejado los sesenta en México y en el mundo, ha sido la guerra sucia.
Desde 1968 el gobierno de México no sólo dejó una mancha roja en la historia con la matanza del 2 de octubre, no sólo difundió un miedo silenciosos entre el pueblo dejando toneladas de cadáveres yacidos en Tlatelolco.
Se pudo haber pensado que ese era el fin de la lucha estudiantil, el término de un pueblo emancipado, pero ciertos grupos que vivieron en carne propia la represión brutal del gobierno de Díaz Ordaz y Echeverría se radicalizaron en sus acciones dejando así el lápiz para tomar el fusil.
¿Por qué no lo dijiste todo? de la segunda serie de Lecturas Mexicanas, editado por la SEP desde 1986, es un libro que relata a manera de novela la crueldad de la tortura y represión de los presos político de los años 60 y 70.
Lo inimaginable pasa por los ojos al leer esta novela; que te transporta a ese indeseable lugar que ya no existe como tal, pero que en espíritu está en muchos penales del país: Lecumberri.
Salvador Castañeda casi te hace tocar las paredes, ver a los prisioneros, comer de la asquerosa comida que les daban, sentir su dolor de ver que “los prisioneros del uniforme azul” estaban libres sin apreciar eso que ellos, los guerrilleros y presos políticos, tanto anhelaban: la libertad.
Hablar de la vida de un ex-guerrillero en Lecumberri es saber que ese lugar para ellos era, como decía Castañeda “oler a tortura en la oscuridad y el silencio, a puntapiés en las espinillas y en los testículos, a golpes en el estómago y a macana eléctrica.”
Hoy que ya no existe Lecumberri como cárcel, como edificio, podemos asegurar que los presos políticos de México sufren torturas similares o hasta peores en los penales del país, en sí, el espíritu de la guerra sucia no ha muerto, y los lugares para llevarla a su despreciable expresión tampoco.
Al igual que Castañeda, Alberto Ulloa Bornemann en su libro Sendero en Tinieblas, relata también cómo vivió la guerra sucia, cómo vivió el miedo, el coraje y la impotencia de ser torturado por personas que no merecían el tesoro de la libertad.
En estos dos libros relatados de manera muy diferente, se encuentra que entre ellos hay una herida común que exponen para sublimar y sanar: el día de su captura.
El día o la tarde en que creyeron que morirían, en el que por un momento se arrepintieron del camino que tomaron, cuando extrañaron como nunca a su familia y pensaron “¿por qué los abandoné tanto?”.
Un día cualquiera en el que estaban sucios y locos haciendo cualquier cosa de la rutina, el maldito día en que se les olvidó ver el sol porque creyeron que después tendrían tiempo de hacerlo...
El camino de la lucha por un ideal está lleno de dolores, injusticias, golpes, porque como dijera Ulloa, es como caminar un Sendero en Tinieblas, en donde al final de tanto golpe uno piensa en los que vinieron y lucharon antes y es imposible no decir con tono de reclamo ¿Por qué no dijiste todo?
Sin embargo estas lecturas no son para desilusionarse, a pesar de lo crueles que son; sirven precisamente para que los nuevos luchadores, llámense guerrilleros, activistas o trabajadores, sepan lo que la brutalidad es capaz de hacer; y que ésta es una de la primeras cosas que hay que saber, para evitar la sorpresa de las acciones de la Guerra Sucia y Silenciosa de nuestra época.
Aquí sí se dice todo y se muestra el Sendero en Tinieblas por el que atravesaron no sólo Castañeda y Ulloa sino muchos que apoyaron y compartieron el sueño de Lucio Cabañas.
La vida de un ex-guerrillero está repleta de relatos dolorosos, pero también de logros y luchas ganadas, sus memorias no sólo sirven para conmover el corazón de quien las lee, sirve incluso para saber cómo opera la brutalidad del Estado.
Antes fueron ellos, pero ahora puedes ser tú el que huela a tortura.
Las memorias de estos dos escritores revelan lo que muchos no se atrevieron a contar porque no creían que pudiera ser cierto que hubiera pasado. Cuentan cómo en Lecumberri, los ideales, las promesas, estrategias y acuerdos entre los guerrilleros se habían minado por el instinto de supervivencia.
Los crímenes cometidos durante la Guerra Sucia son de las grandes exigencias que el pueblo le debe hacer al gobierno, porque ésta no ha parado y porque ahora se manifiesta de una manera silenciosa y audaz.
Los testimonios de estos personajes no son para ablandar el corazón, son para endurecer el coraje y la inteligencia con la que hay que actuar ante tales atropellos e injusticias que aún se siguen dando.
Salvador Castañeda ¿Por qué no lo dijiste todo? segunda serie de Lecturas Mexicanas, Ed. SEP.1986.
Alberto Ulloa Bornemann, Sendero en tinieblas, Ediciones Cal y Arena, México, 2004, 283 pp.