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El Adiós de la Diva Extravagante
Concierto de Despedida de la cantante Margie Bermejo en el Teatro de la Ciudad
Martes 30 de mayo de 2006, por Enrique Saavedra
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DE LAS COSAS SENCILLAS

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Agua en la boca
Bossa nova adaptado al español por la propia intérprete.

Era México. Eran los años sesenta. Conforme la década se acercaba a su fin, también lo hacían los sueños y las utopías de la juventud, gracias a un Tlatelolco en el que, igual de sus dueños, muchos discos de Chávez y Serrat quedaron manchados en sangre.

Pero Chávez y Serrat son hombres. Y si algo siempre ha resultado admirable en la palabra cantada, es el timbre femenino. Y, por fortuna, ahí estaba una voz joven, pero a la vez sólida, densa en tesitura y expresión, que se contraponía a las que dominaban en el panorama de la música comercial de aquél entonces, las que le cantaban a un novio enojón o querían ser la consentida del profesor.

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Eterna desventura de vivir
CD homenaje a las cantantes suicidas, como Violeta Parra, Elis Regina, Billie Holliday, Janis Joplin

Y aunque Margie Bermejo también entró en la onda ye-ye, la industria prefirió la simpleza de Maité Gaos. Los productores sabían que la voz y el intelecto de la primera iban más allá, lo cuál, hoy lo sabemos, constituía un peligro en tan rosado ámbito. Porque lo de ella era el canto nuevo, la canción de protesta, el folclor latinoamericano y todo aquello que acompañó, lo sigue haciendo, dichos sueños y utopías juveniles, revolucionarias.

Por eso las peñas, en donde desgranó el repertorio de Violeta Parra. Por eso los cafés cantantes, donde se ponía al tu por tu con una tal Billie Holliday. Y sí, por eso los cabarets de quinta: afortunados aquellos que ahí concurrían en busca de un buen trago, un buen cuerpo y un buen baile que les mitigara sus penas cotidianas, y que se encontraban, ya entrada la madrugada, con una cantante que buscaba la libertad en su propio canto, en sus rendiciones a Blue Moon o Let It Be.

Se dejó ser. Y la dejaron ser. Los productores del sector gubernamental o independiente, claro está, fueron quienes le permitieron la entrada al amplio mundo de la discografía. Las cosas sencillas, el primer LP, su mejor carta de presentación, mas no de definición, pues si en éste exploró el canto nuevo con temas de Marcial Alejandro o Roberto Darvin, en los consecuentes se adentró en los terrenos del jazz, blues, bolero, bossa nova, cabaret y tango; nunca quedándose en un género, siempre alterándolos, trasgrediendo.

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El Canto Extravagante
Disco destinado al cabaret de Liliana Felipe y al bolero jazzeado

Para constatarlo, nada mejor que escuchar discos como La eterna desventura de vivir, homenaje a sus cantantes predilectas, cuyo común denominador era el suicidio; Agua en la boca, un viaje por la saudade brasileña; Morir amando, una convivencia entre el jazz, bossa y bolero, aumentada en Sobrevivir; Mamacita del Mayab, El canto extravagante y Clásicas extravagancias), fuertes y lúdicas introspecciones bajo el influjo del cabaret y la música de cámara .

Más recientemente, acompañada sólo por el piano de Dimitri Dudin, la diva se permite ir a sus raíces personales y darle nuevos matices a los tan llevados y traídos temas del enorme Agustín Lara en El veneno que fascina, así como a los del arrabal sureño en Al compás de un tango.

Pero la independencia, o dependencia de las instituciones culturales, tiene sus bemoles, mismos que la cantante ha decidido no soportar más y seguir explorando en las profundidades de la voz humana, pero dentro de las aulas, ya no frente a los escenarios o estudios de grabación. Luego de 40 años de trayectoria musical, la Bermejo resolvió retirarse, despedirse de su selecto público y hacerlo en el mismísimo Teatro de la Ciudad.

DEL CANTO EXTRAVAGANTE

Lo anterior ocurrió este viernes 26 de mayo. A pesar de que la sala se llenó a menos de la mitad de su capacidad, esto no impidió que la cantante de 55 años saliera al escenario derrochando una energía que hacía mucho no se le veía y sentía. Se entregó desde el principio, cuando cantó los primeros versos de La Zorra, tema de sabor urbano, con letra de la propia artista y música del maestro Arturo Márquez.

A pesar de que la independencia y la intimidad han marcado sus proyectos discográficos y escénicos, en ésta ocasión Margie estuvo acompañada de 11 músicos que conformaron una deleitante orquesta de cámara, bajo la amena batuta del Maestro Eduardo García Barrios. Como siempre, desde hace ya varios años, Bermejo estuvo apoyada por el piano extravagante e intenso del Maestro ruso Dimitri Dudin. Nadie mejor que él conoce los alcances vocales de ésta artista.

Luego de dar una breve bienvenida, Bermejo dio paso a la interpretación de un repertorio que, más que una recopilación de su trabajo de 4 décadas, es la muestra de la constante actualización a la que se sometió esta cantante, explorando géneros y formas, transformando lo más conocido hasta hacerlo sonar nuevo, sorprendente para los oídos que deleita.

Así, un bolero clásico como Piensa en mi, de Lara, adquiere nuevas dimensiones, sensuales, suicidas cuando se canta solamente en compañía de un saxofón. O una ranchera de arrabal como Que te vaya bonito, convertida en una pieza para piano, cello y voz. O unos versos de Juan Rulfo, con música de Marcial Alejandro, llevados al lenguaje del jazz, con todo y sabroso scat incluído.

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El Canto Extravagante
Disco destinado al cabaret de Liliana Felipe y al bolero jazzeado

A continuación, Margie se permite salir del escenario para dejarlo en manos de sus también cantoras hermanas, señoras de gran reconocimiento dentro de los géneros musicales en los que se desenvuelven, como el jazz, el caso de Mili y Gladys, y la ópera, en el de Luz Haydée. Pero, a pesar de sus enormes talentos, quedaron minimizadas en cuanto Doña Luz Bermejo, la madre de todas ellas, desgranó, desde la cómoda butaca de un palco, el tango Melodía de arrabal. El público de pie. Margie emocionada.

Para seguir en ese tenor, Margie entona un tango, cosa rara, de letra graciosa: Hambre, de Cobián y Cadícamo. Enseguida, se adentra en los complejos senderos de la música de Pizzolla y saca a relucir su impecable técnica vocal en la suite Escolaso. De su penúltimo trabajo discográfico, que es la cantata Ofrenda del Tiempo, música de Dimitri Dudin al poema Piedra de Sol, de Octavio Paz, Margie ofrece tres movimientos que solfea con limpidez, resaltando la compleja belleza de los versos.

Para cerrar su presentación, qué mejor que la vuelta al arrabal argentino, con la música de Liliana Felipe al servicio del gran poeta mexicano Xavier Villaurrutia y su poema Nuestro amor, para luego aventarse el ruego desgarrador de Agustín Lara, Arráncame la vida y concluir con esa expresión de amor a la tierra sureña que es Vuelvo al sur, de Astor Piazzolla.

Pero una despedida a una trayectoria de 40 años no podía quedarse en eso, por más que lo visto y escuchado haya sido un deleite. Varios comenzaron a pedir canciones de los primeros discos: Agua en la boca, Íntimamente, Mamacita del Mayab. Pero no. Margie eligió otro tango: Naranjo en flor.

Mientras seguían los aplausos, Bermejo aprovechó para salir del escenario y regresar enseguida, ahora acompañada de su “hermana de carrera”, la bluesera Betsy Pecannins. Ambas interpretaron el clásico del blues Fine and mellow, a capella, pues el regio pianista Dimitri Dudin confesó que nomás no estaba en su repertorio. A estas señoras no les importó y unieron sus voces en lo que constituyó, ahora sí, la despedida musical de la intérprete.

DEL VENENO QUE FASCINA

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MARGIE BERMEJO
40 años dedicados a la trasgresión desde el canto.

Margie Bermejo. Una cantante que hizo de la extravagancia, la profundidad, la trasgresión, el riesgo, la inconformidad y la altivez, formas, aliados e incluso enemigos para desarrollar su oficio, ese, el de la eterna aventura de cantar. Ahora llevará esos elementos a las aulas, desde donde seguramente provocará que más de uno se decida a seguir por el camino de la extravagancia y la profundidad.

Camino que hoy deja Margie Bermejo. Camino que queda impregnado de muchas huellas, que aquellos que tuvieron, tienen y tendràn el privilegio de escucharla en sus testimonios discográficos, conservarán, por el bien del arte, del arte de Margie Bermejo.

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