
“En realidad no escogí un género. Escogí la libertad y creo que la trova es lo más cercano a un género libre”. Edgar Oceransky forma parte de un grupo de cantautores, compone su propia música. Quizá esté lejos de la tradición comercial de los intérpretes. En su trayectoria lleva apenas dos discos, aunque ha colaborado en otras obras, como el soundtrack de la película Corazones Rotos; compilaciones como El que la hace la canta, Reflejos Acústicos y Pop Latino (lo mejor del año 2002), entre otros. Es en Grandes Cantautores Latinos donde comparte espacio con Joaquín Sabina, Miguel Ríos y Pablo Milanés.
Lo que llama más la atención es la cantidad de arreglos electrónicos a la música: ninguno. Es decir, se compone de una lira, un cello, batería, bajo y voz, apenas acompañadas con un teclado. Sencillo y directo. Edgar le canta al amor y la nostalgia. Canta sobre cómo se inspira en sus canciones. Canta sobre cómo antecede lo que hace que se inspire. “Estoy aquí / sin ti / hundido en el silencio / Estoy sin ti / aquí / deseando que regreses / junto a mí / Vayamos al balcón a ver llover”. Por su parte, la rola El Faro tiene su toque positivo “Pierde los temores / y convierte en mariposas las serpientes / que después de la tormenta calma habrá / No dudes siempre / en navegar contracorriente / vuelve fuerte / si no, pierdes el faro que está al final”.
“Mis canciones no soportan el encierro. Ellas no entienden de peros, de esperas, de luegos. Nacen un buen día sin pedir permiso. Con este disco pasó lo mismo. La noche en que amaneció convertido en un sueño, no hubo imposible que me convenciera de darme por vencido”. Así presenta Oceransky su propuesta en la portada de su sitio web. Más meloso que el osito Puh, pero efectivo

Di con Edgar Oceransky en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, o Ildeponcho como decimos por ahí. Dar con él no fue tarea difícil, sino escuchar varias veces su disco Estoy Aquí y sacarme de la mente el prejuicio: “la trova me duerme”.
Estaba, debo decirlo, nostálgico de las tocadas rockanroñosas en Santa Martha Acatitla. En mi mente cobraba forma una canción -que no sabría escribir en el pentagrama- con rápidos requintos, una batería frenética y un bajo explosivo. Una canción que quisiera tocar para un amor, pero a mi manera. En eso estaba cuando escucho al presentador cantar para hacer tiempo, mientras Gustavo Lastra preparaba sus instrumentos.
Oceransky cerrará este concierto a beneficio “de una causa noble”: recaudar fondos asistenciales para dar becas y apoyos a niños y adultos mayores que organizó la asociación civil Conciencia e Investigación. El evento: “A CIS se Trova”. Siete semblanzas de trova en duetos, tríos y cuartetos. Lastra dedica una canción a “su gordita” titulada Muñeco de Trapo. Reclama estar tanto tiempo encendido como boiler y consolarse acariciando su guitarra.
Le sigue un trío clavadísimo. El “nuevo pop mexicano”, como dice el presentador, no es tan solemne como parece. Es incluso, jocoso. Gonzalo Ceja saca instrumentos de piedra y madera que alterna con su caja encordada haciendo unas piruetas sonoras interesantes. Cuando Ceja termina, algunas chicas enloquecen. Miguel Inzunza sube al escenario. Ofrece al respetable tres canciones para dar la bienvenida a Oceransky. Con un gorrito redondo y solamente su guitarra, Edgar cantará acompañado por los aplausos del público con El Faro y cierra con una historia que “no acaba porque nunca comenzó”.
A las chicas se les olvida que en el recinto está prohibido el flash de la cámara porque daña los murales. No importa. Todo sea por sacarse la foto con el cantautor, quien momentos antes reconocía que no solo tiene obras colgadas, sino que en sí mismo, es una.
¡Caramba! ¡Esto es más meloso que los brazos del osito Puh! Y sin embargo, tiene un público que adora estas sencillas composiciones.
Prom (P): En México la música comercial tiende a generar más intérpretes que cantautores. ¿Qué se requiere para ser un cantautor?
Edgar Oceransky (EO): Contar cosas, nada más tener algo que decir es suficiente.
P: Naciste en la Ciudad de México. Ésta se presta para narrar historias a través de la salsa, cumbias, rock, punk. ¿cómo escoges la trova viviendo en esta ciudad?
EO: Mira, yo no escogí la trova. A mí me metieron en ese género. En algunos lugares piensan que esto es trova, en otros piensan que es pop, que es balada... en realidad no escogí un género. Escogí la libertad y creo que la trova es lo más cercano a un género libre.
P: Las disqueras ¿cómo se han comportado frente a tu música?
EO: Yo ya he tenido contacto no solo con una disquera, he grabado el primer disco con Sony pero he tenido contacto con varias, he estado en compilaciones, como que todavía no saben dónde está el negocio pero saben que lo hay.
P: Vi el video de “Como un ladrón” (en su sitio web). La música tiene un estilo muy limpio, sin grandes arreglos. Me pregunto, si en algún momento a alguien le gustara tu letra y la quisiera adaptar a una cumbia, una salsa o rock, ¿qué pensarías?
EO: Me encantaría la idea. Las canciones, como cualquier obra de arte, en cuanto uno las expone al público, dejan de ser de uno. La música es patrimonio no de una sola persona, sino de una cultura, del pueblo. Y el pueblo puede hacer con lo que es suyo lo que quiera. Yo estaría encantado de la vida, porque quiere decir que la gente se apropió tanto de esa canción que ya fue objeto de diferentes versiones. Puedes oir veinte mil versiones de Armando Manzanero y sigue siendo la canción de Manzanero, la cante Bronco o la cante Pavarotti, es una canción de Manzanero.
P: ¿Qué piensas de la piratería discográfica?
EO: Si entendemos por piratería la venta ilegal de discos a un precio que no refleja el costo de la música, me parece muy mal, porque está dando al traste con la industria. Pero es una de las cosas que tenemos que sufrir por vivir en una sociedad corrupta, producto de la sociedad y el mundo en que estamos, así que si no nos gusta, vamos a tener que cambiarlo, no solo la piratería, es una de miles de cosas.
P: ¿Pasión?
EO: Vida
P: ¿Amor?
EO: Motor
P: ¿Política?
EO: Necesaria
P: ¿Música?
EO: Mi comida
P: ¿Nostalgia?
EO: Mi inspiración.