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Día del trabajo
Lunes 1 de mayo de 2006, por Tintero
La amenaza de cobrarle a la presidencia mediante el uso o desuso del voto los errores cometidos, se acompañaba por la incertidumbre de algunos curiosos que se preguntaban entre sí: “¿a que hora van a sacar la lista?”
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Como ha ocurrido desde hace casi 100 años atrás, se dio este 1ro de mayo, la conmemoración en México del día del trabajo. La historia dice que las represiones y posteriores protestas realizadas en Chicago en 1886, son el inicio de los logros en materia laboral y su correspondiente evocación.

Además de las comunes demandas de cada año, en esta ocasión las consignas tenían como principal eje la destitución del Secretario del Trabajo, Francisco Javier Salazar. Así como las protestas por el reciente asesinato de los dos trabajadores del ramo minero en Lázaro Cárdenas, Michoacán.

El horario de salida para los contingentes estaba establecido a las 9:00 de la mañana, sin embargo ésta se prolongó hasta casi una hora después. Los contingentes arribarían a la plancha del zócalo mediante tres accesos planeados: las calles Francisco I. Madero, 20 de noviembre y 5 de mayo. Este planteamiento originó que algunos miembros de los distintos sindicatos regresaran de los puntos más cercanos al Zócalo para tomar el lugar asignado.

Comenzó entonces el extenso desfile. Grandes monigotes de cartón, ataúdes que representaban el fallecimiento de la autonomía y libertad sindical, y gran número de pancartas con distintas demandas, se veían transitar a lo ancho de las calles mencionadas. Los negocios de estas aceras permanecieron cerrados en su gran mayoría, algunos en cambio, cerraron al cerciorarse de la magnitud de las consignas y de la misma multitud.

El descontento tomó forma a través de leyendas como: “La minería es legal”y “la silla no está sola la tiene el pueblo”, mediante las cuales los sindicalizados rotularon su inconformidad hacia las acciones emprendidas por las autoridades locales y federales.

Mientras tanto, los regentes de los principales sindicatos participantes de la marcha, aguardaban ya a la espera de los grupos representados por su persona. De tal forma que entre el templete ubicado justo frente al Palacio Nacional, se podía observar a personajes como Francisco Hernández Juárez y Roberto Vega Galina, líderes del Sindicato de telefonistas y del Seguro Social, respectivamente.

El inicio del mitin corrió a cargo del representante minero, quien hizo llegar a la concurrencia un mensaje del líder de este sector, quien desde algún paradero desconocido, anunció a las autoridades federales que la lucha apenas inicia.

Vega Galina, candidato a senador por el Partido de la Revolución Democrática, anunciaría que vendrían acciones más fuertes, en contra de las políticas de intervención del gobierno Federal en los asuntos exclusivos de la clase trabajadora.

Coincidentemente, los agremiados de este sector, al igual que algunos otros, levantaban la mano en apoyo del candidato de la Alianza Por el bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador al coro de “todos con el peje, todos con el peje”.

El ritmo musical se extendía a lo largo del desfile, ya sea en forma de “batucada” tal como ocurría con los trabajadores del IFE, o bien en ritmo de “banda”, como lo dejaron oír los trabajadores tranviarios; mismos que aplaudían mientras a sus espaldas “El moro de Cumpas” cruzaba con ellos el Eje Central, dentro de los instrumentos musicales.

La justicia, ciega como debe ser, recorría el perímetro de la plancha del Zócalo dentro del pequeño cuerpo de una niña perteneciente al breve contingente de los trabajadores del IFE. La “justicia” se dejaba guiar por su madre, que le indicaba cuando ir hacia delante o cuando parar, según las circunstancias del momento.

El mitin no se pudo realizar tal como se esperaba. La enorme cantidad de gente propicio que los diversos contingentes fueran invitados a concentrarse específicamente en la plancha, ya que las calles seguían abarrotadas de trabajadores dirigiéndose frente al Palacio Nacional. Por lo tanto, una vez que se llegaba ahí, la circulación debía continuar para darles paso a los próximos celebrantes.

Para esos momentos la temperatura había subido, los productos refrescantes no se hicieron esperar y, tal como ocurre en las grandes concentraciones de gente, los carritos y puestos ambulantes, se postraban como salvadores de los estragos, tanto de la caminata, como del constante grito de demanda. Asimismo, miembros de la cooperativa Pascual repartían entre sus integrantes, y alguno que otro anexado, bebidas refrescantes de su empresa.

El peso del sindicato de telefonistas, uno de los de mayor número de integrantes, se dejo sentir al ritmo de “charro el que no brinque, charro el que no brinque”. Al pasar frente al templete donde se encontraba su dirigente, estos agremiados no paraban de saludar al líder que correspondía de manera generosa.

Así aparecieron bomberos, maestros, intendentes, electricistas, tranviarios, telefonistas, trabajadores de limpia de la vía pública, técnicos y manuales, además de diversos grupos campesinos, entre muchos otros. Las consignas que ellos llevaban contenían el mismo verso que ha caracterizado por mucho tiempo a las manifestaciones de cualquier índole: “no que no si que si, ya volvimos a salir”, “ya vamos llegando, Fox está temblando”

La amenaza de cobrarle a la presidencia mediante el voto los errores cometidos, se acompañaba por la incertidumbre de algunos curiosos que se preguntaban entre sí: “¿a que hora van a sacar la lista?”. La respuesta se dio poco después de haber llegado al final del recorrido; algunos, como la cooperativa Pascual, lo hacían mediante firmas, otros de manera más práctica como los electricistas, pasaban lista con su clave de empleados.

Al llegar frente al templete los trabajadores eran observados, además de sus líderes, por los rostros de Carlos Marx, Federico Engels, Vladimir Lenin e incluso José Stalin. Estos rostros vieron las diferencias de cada uno de los sindicalizados, vieron el cansancio de algunos trabajadores mientras bostezaban con el puño arriba, vieron el uniforme de los telefonistas o la vestimenta multicolores de los trabajadores de limpia de la vía pública.

Vieron también la entrada triunfal de “superman” en los brazos de los trabajadores de intendencia del SME. Los que ya no pudieron observar tal proeza fueron los dirigentes que se habían retirado mucho antes de que terminara de arribar a la Plaza de la Constitución la totalidad de los asalariados.

Los limpiadores de la vía pública comenzaron a hacer su trabajo apenas se retiraron los líderes sindicales, al tiempo que el desarme de la estructura se llevaba a cabo por los encargados de la misma. Mientras tanto, frente al estrado de la prensa ardía el presidente Fox, acompañado de su "amigo Jorge” Bush rodeado por algunos trabajadores más, incluyendo a un agente de tránsito que denunciaba mediante un cartel las inconformidades hacia su dependencia.

Así concluyó el desfile conmemorativo. Después de cantar el Himno Nacional, los líderes sindicales abandonaron la plaza entre un fondo de canciones revolucionarias. Los trabajadores intentaban de forma desesperada tener contacto físico con sus representantes, mientras que las “chachalacas” con rostros de políticos, posaban ante las cámaras para postergar el momento.

Tintero es un proyecto de difusión periodística creado por jóvenes reporteros de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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