"El Rey Lear, junto con Hamlet, desafia, en ùltima instancia, todo comentario... anuncian el comienzo y el fin de la naturaleza y el destino humano". Con estas palabras, el crìtico estadounidense Harold Bloom concibe esta pieza del teatro universal.
Escrita en 1605, los temas universales que aborda esta obra permiten que su escenificaciòn hoy en dìa sea no sòlo posible, sino vigente. Tal es el caso de la puesta en escena que la Compañìa Nacional de Teatro presentò como apertura del ciclo Proyecto Shakespeare, que rinde homenaje al dramaturgo inglès.
La trama de El Rey Lear puede ser tan sencilla como profunda, pues narra dos historias paralelas que, al unirse, exponen y exploran lo relacionado con el poder, la vejez, la paternidad, el amor filial, la ambiciòn y la crueldad.
LA LIBERTAD ESTÀ LEJOS Y EL DESTIERRO ESTÀ AQUÌ
Lear, Rey de Bretaña, decide repartir su reino entre dos de sus tres hijas, pues no considera a la menor, Cordelia, digna de recibir algo, pues cree que no le profiere amor suficiente. Al irse esta de la casa paterna, las hijas mayores le niegan asilo a Lear en lo que ahora son sus dominios. Esto provoca que, en compañìa de su fiel Bufòn y del leal Conde Kent, el Rey se enfrente a una feroz tormenta que lo hace enloquecer por completo.
Al mismo tiempo se presenta la historia del Conde Gloucester, quien es vìctima de la ambiciòn de Edmund, su hijo adoptivo, quien planea asesinarlo, pero le hace creer que quien quiere cometer tal acciòn es Edgar, el hijo legìtimo. La fidelidad de Gloucester hacia Lear, provocan que en su intento por ayudarlo, caiga en la trampa del bastardo, pues este lo delata con las hijas del Rey, quienes se encargan de arrancarle los ojos al viejo Conde.
Una historia repleta de poesìa. Poesìa dulce y amarga. Desde los graciosos canturreos del Bufòn al intentar divertir a un Rey derrocado, hasta los diàlogos que enmarcan el encuentro de los padres abatidos frente a los hijos vìctimas de la injuria.
ASÌ HEMOS DE VIVIR, DE REZAR, DE CANTAR Y CONTARNOS HISTORIAS.
No es la primera vez que El Rey Lear se presenta en los escenarios mexicanos. En dècadas pasadas, actores de la talla de Narciso Busquets e Ignacio Lòpez Tarso han personificado al monarca enloquecido.
Desde el año pasado, El Rey Lear fue puesto en escena bajo la batuta de Josè Caballero, reconocido director, actual encargado de la Compañìa Nacional de Teatro, que luego de haber presentado en segunda temporada esta tragedia, continuarà con las comedias El Mercader de Venecia y Sueño de una Noche de Verano, segùn la visiòn de los prestigiados directores Raùl Zermeño y Josè Solè, respectivamente.
En la ùltima funciòn de la segunda temporada, se pudo apreciar ya de un desempeño homogeneo en los actores del extenso reparto. En sus primeras representaciones, algunos actores lucìan aùn inseguros ante la responsabilidad que implican los personajes shakesperianos. Un año despuès, es notoria la completa -en algunos casos-, o bien, la mejor -en otros casos- asimilaciòn de los caracteres.
Mientras Juan Manuel Bernal asume a su ambicioso Edmund como un vanidoso villano telenovelero, Everardo Arzate hace creìble la falsa locura y posterior compasiòn de Edgar. Alejandro Calva, mucho mas convincente ahora que en las primeras funciones, pues ya ha asumido la complejidad del anciano invàlido que es el Conde Gloucester, a pesar de la diferencia de edad que lo separa de este.
Es tal la precisiòn con la que Arturo Reyes, Roberto Rìos y Enrique Singer incorporan a los Duques de Albany, Cornwall y Francia, que se convierten en un soporte fundamental para el importante papel que cumplen en la trama las hijas de Lear: Cordelia, Reagan y Gonerill, quienes, ¡oh, teatral felicidad! son representadas por Èrika de la Llave, Liza Owen y Julieta Egurrola, regias señoras que despliegan lo mejor de su registro.
SI TU FUERAS MI BUFÒN, TÌO, TE MANDARIA A AZOTAR POR HACERTE VIEJO ANTES DE TIEMPO
Son El Rey Lear y el Conde Gloucester los ejes de la historia. Pero es el personaje del Bufòn el que con sus gracejadas forzadas se encarga de acentuar la tragedia por la que atraviesan sus amos. Mas que divertirlos, los confronta con su realidad, màs que ayudarlos a recobrar la sensatez, los acompaña en su locura.
Un rol tan complejo, del cuàl no se precisa edad, requiere de un actor de mente y cuerpo àgil, de experiencia y amplia gama de recursos. Por ello, el que en esta puesta en escena el papel del Bufòn le haya sido asignado a Ana Ofelia Murguìa, representa una elecciòn por demàs acertada, maravillosa.
Primera actriz. Una de las voces crìticas màs fuertes del àmbiente artìstico nacional, Ana Ofelia Murguìa, a sus 71 años de edad, se desplaza en el escenario con una energìa y docilidad que resultan extraordinarias y que hacen del Bufòn un personaje entrañable e imprescindible para comprender las profundidades del texto de Shakespeare.
Ver a la Murguìa en escena es ver a la historia misma del teatro mexicano contemporàneo. Su presencia fue fundamental para la transiciòn al teatro de vanguardia con el movimiento Poesìa en Voz Alta y ahora lo es para aportar el prestigio y la experiencia que los años le han dado y que le han permitido crear sus personajes a partir de una tècnica propia. Una delicia.
Y claro. Ahì està Claudio Obregòn. Si hay alguien que redefiniò el papel del actor dentro del teatro, al concebirlo como un ente capaz de ejercer la crìtica y la propuesta y no sòlo la obediencia ante el texto y el director.
Actor difìcil, pero a la vez dòcil, se dice de èl. Por ello los roles màs complejos de la literatura dramàtica que se han presentado en nuestro paìs, han recaìdo en este actor que ahora interpreta a un personaje a la medida de sus 70 años de edad y 45 como actor.
En su Rey Lear, Claudio Obregòn saca a relucir la cosecha de un oficio cultivado a lo largo de años, lo cuàl hace posible que el paso de la altivez inicial a la locura final resulte conmovedora dentro de la densidad que encierra.
"Nunca, nunca, nunca, nunca, nunca" es quizà la frase a la que todo actor teme, pero a la vez aspira a decir algùn dìa en un escenario. Cuando Claudio Obregòn repite esa palabra, hay la sensaciòn de que el pùblico presente està estremecido ante la belleza de la poesìa shakesperiana y la precisiòn de quien la emite.
Y hay la certeza, entonces, de que las tres horas que dura la obra bien valen la pena cuando se presencia una puesta en escena digna de su autor y, valga decirlo, màs que nada, de sus esplèndidos actores protagònicos.
BLOOM, HAROLD. SHAKESPEARE, LA INVENCIÒN DE LO HUMANO. ANAGRAMA. BARCELONA, 1998.
SHAKESPEARE, WILLIAM. EL REY LEAR. EDITORES MEXICANOS UNIDOS. MÈXICO, 1998-