Dos intervalos de veinticinco minutos significan la victoria o derrota semanal en el barrio de San Lorenzo Tezonco, Iztapalapa, en el campo rodeado por el tianguis de objetos de segunda mano, Las Torres y a un costado del Centro de Enseñanza Técnica y Superior 53.
Esta ocasión juegan el Liverpool, ataviado con el uniforme oficial de las Chivas de Guadalajara, contra Valencia B, de quince años de existencia, vestidos de playera blanca, short y calcetas negras. Todos oriundos del barrio.
Apenas al primer minuto, a las 2:26, sucede una mano. El guardameta del Liverpool anima a sus compañeros: “¡venga, venga, ’orita sale!”, “¡Arriba, arriba, hijo!”.
Durante el primer tiempo, de los tres tiros a gol lanzados por Liverpool, mas de la mitad se reventaron. Esto cuando Mario, el capitán, intenta lucir una patada estilizada con el tacón, perdiendo el esférico.
El Coreano, quien luce melena y bigote como el colombiano René Higuita o los Bukis, toma la iniciativa, revira, burla, centra. “¡Gol!” Luego del primer tanto se les felicita a los rojiblancos: “Sí quieren chelas, ¿verdad cabrones?”.
Poco después, Alfredo, el 15 de Valencia comete falta contra el medio Mario Gonzáles Olivares, chofer de 26 años. “Toma aire”, le aconsejan desde la tribuna. Los ánimos se calientan, cuando otro recibe tremendo patadón en la cadera. No por el impacto, sino porque el árbitro no marcó la falta correspondiente.
Forjado desde la infancia, Mario sabe que el juego llanero es más serio de lo que parece. “En el barrio es como te forjas” comenta. Al culminar la primera mitad del duelo viene el medio para conseguir el fin... ¿o al revés? El caso es que para ganar la tanda de cervezas apostada, los jugadores de ambos bandos refrescan el calor de casi veinticinco grados con unas caguamas bien frías.
Octavio Durán Mariño, capitán y favorito del Valencia B, no se deja vencer, aún hay mucho por ganar. Iniciando el segundo tiempo anota un tanto, el de la honra. Pero el gusto no dura mucho para el blanquinegro, pues al minuto vuelven a ser anotados. “¡Con la panza, chingao!”.
“¿Dónde está el bote de basura?”, pregunta un jugador al ver a su compañero tirado, antes de sacarlo del campo. Nadie vio la falta, ni el juez, pero mientras todos seguían batiéndose en el terruño, el joven perecía bajo el polvo levantado. Quien peor se la pasó, fue el árbitro. “Trabaja para el contrario”, reclaman unos y otros.
En vez de hacer un berrinche al estilo televisivo, los rudos de Liverpool se reaniman para jugar con diez combatientes. Están en juego la bebida y el honor semanal. Dos goles de Liverpool y otros dos de Valencia B dejan un marcador final de cuatro a dos, tras una hora de duelo.
La dirección del sol, la corriente del viento y la cerveza son factores determinantes en esta justa... y la edad de los jugadores. Ello se explica por el hecho de que al menos dos del Valencia B eran menores de 18 años jugando contra señores mayores de 45.
Durán Mariño, comerciante de 49 años, opina que su contrincante “supo aprovechar” el juego. Es un hombre grande, alto y fuerte, y sin parecer molesto por la derrota desea “jugar hasta que el cuerpo aguante para después dirigir a los chavos”.
“Hubo toque y conjunto de equipo“ dice José Antonio Tenorio González de 33 años, quien fuera de la cancha es chofer. “Cuando entrenábamos perdíamos, y ahora ganamos, ’ora si que no sé cuál es la estrategia”. Tras cuatro derrotas, éste partido fue el relance de Liverpool, equipo formado hace año y medio por exmiembros del Dorados, que se volvió familiar.
“Para la otra ganaremos, ni modo, se pierde, se gana”, reflexionaba el centro medio de Valencia B, Enrique Fabián Pulido, de 16 años. “Nos distrajimos y por eso perdimos”. Para mejorar sugiere estar “bien desmarcados y sin tanto regaño”. Eso sí, reconoce, que los regaños “sirven de algo, para que estés más capacitado”.
Bien Liverpool, pasen por sus cervezas.
Jugaste como nunca, perdiste como siempre.
No es una cascarita: es futbol en serio, organizado y entregado. No es la liguilla de Primera División, con sus berrinches y divas: son jóvenes y adultos de abajo que prometen juegos de calidad, si no fuesen opacados por el monopolio del negocio televisivo.